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La industria pesada ha sido históricamente la parte del sistema productivo más difícil de descarbonizar. A diferencia del transporte o la generación eléctrica, ciertos procesos industriales generan CO₂ de forma inevitable por reacción química. Reducir esas emisiones exige soluciones que el mercado aún no había visto a escala comercial.
Australia ha inaugurado lo que sus promotores describen como la primera refinería de carbono del mundo. Se trata de una planta que captura el dióxido de carbono de una industria contigua y lo transforma en materiales con salida comercial. La instalación ya está en marcha y sus responsables apuntan a sectores como el cemento, el acero y la minería como clientes.
Myrtle, la primera refinería de carbono del mundo: convierte miles de toneladas de CO₂ en materiales de construcción
MCi Carbon (Mineral Carbonation International) es la empresa australiana detrás de la planta. Sus fundadores, Marcus Dawe y John Beever, iniciaron la investigación en 2006 y tardaron casi dos décadas en llevar el concepto a escala industrial.
La instalación, denominada Myrtle, se encuentra en la isla Kooragang, en Newcastle (Nueva Gales del Sur), dentro de las instalaciones de la empresa química Orica.
La capacidad de Myrtle es de hasta 2.500 toneladas de CO₂ capturadas al año, con una producción estimada de unas 10.000 toneladas de materiales comercializables.
Recordemos que el dióxido de carbono que procesa no procede del aire, sino del proceso de fabricación de amoníaco de la planta de Orica, lo que lo convierte en una solución integrada: una industria que alimenta a la otra con su propio residuo. Bastante inteligente, ¿No?
La carbonatación mineral: el proceso que convierte el CO₂ en materia prima
El método empleado se llama carbonatación mineral. Consiste en combinar el CO₂ capturado con fuentes alcalinas ricas en magnesio y calcio, incluidos subproductos industriales como escorias y relaves mineros que de otro modo se acumularían como residuos.
La reacción tiene lugar a baja presión y baja temperatura, lo que reduce el consumo energético respecto a otros sistemas de captura.
El resultado de ese proceso químico son tres materiales: carbonato de magnesio precipitado, carbonato de calcio y sílice amorfa.
Los tres son compuestos estables que no liberan el CO₂ de nuevo a la atmósfera, lo que los convierte en una forma de almacenamiento permanente disfrazada de materia prima industrial. MCi Carbon estima que, al aprovechar también los residuos de partida, la planta evita además toneladas adicionales de residuos que terminarían en vertederos.
Del hormigón a la pintura: los productos que genera la primera refinería de carbono del mundo
Los materiales que produce Myrtle tienen aplicación en varias industrias. El carbonato de calcio entra en la fabricación de hormigón bajo en carbono, papel y vidrio. El carbonato de magnesio se usa en pinturas y adhesivos. La sílice tiene aplicaciones en plásticos y recubrimientos.
En todos los casos, el producto final incorpora carbono que, de otro modo, habría sido emitido a la atmósfera.
El modelo apunta directamente a los sectores que más dificultad tienen para reducir sus emisiones, que, como se mencionó al principio, son el cemento, acero y minería.
Estos sectores no pueden electrificarse como el transporte, porque sus emisiones provienen de procesos químicos. Myrtle les ofrece una ruta alternativa: en lugar de pagar por sus emisiones o almacenarlas en el subsuelo, pueden convertirlas en materia prima para otro proceso productivo.
Inversión japonesa y respaldo estatal: la apuesta global detrás de Myrtle
La planta ha recibido 14,5 millones de dólares australianos del Programa de Tecnologías de Captura de Carbono del Gobierno de Australia.
A eso se suman inversiones del grupo japonés Itochu y del banco Mizuho (cinco millones de dólares), así como del Sumitomo Mitsui Trust Bank. El interés japonés refleja la presión que siente la industria de ese país para descarbonizarse dentro de plazo.
Y desde luego, MCi Carbon no presenta Myrtle como un proyecto piloto y aislado, sino como el primer eslabón de una cadena de instalaciones similares.
La empresa aspira a replicar el modelo en otras plantas industriales donde el CO₂ y los residuos alcalinos estén disponibles en paralelo. La lógica aquí es más clara que el agua: si el carbono tiene precio como materia prima, capturarlo deja de ser un coste y se convierte en negocio.
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