Celebración de San Medir en Barcelona: la fiesta que convierte habas en caramelos
Lo que comenzó como una promesa individual en el siglo XIX es hoy una de las fiestas populares
Niños y adultos esperan con bolsas, cubos e incluso paraguas
El origen documentado de la fiesta se sitúa en 1828
Cada 3 de marzo, el barrio de Gràcia de Barcelona amanece con un aroma inconfundible a caramelo y pólvora festiva. La celebración de San Medir, una de las más singulares del calendario barcelonés, convierte sus calles en un escenario donde caballos, carrozas y camiones desfilan lanzando toneladas de dulces al público. Niños y adultos esperan con bolsas, cubos e incluso paraguas del revés para recoger el mayor botín posible. Lo que comenzó como una promesa individual en el siglo XIX es hoy una de las fiestas populares más arraigadas de la ciudad.
Aunque Gràcia es el epicentro, la devoción se extiende también a barrios como Sarrià-Sant Gervasi y la Bordeta. Por la mañana, las colles —agrupaciones festivas organizadas— recorren las calles antes de iniciar la romería hacia la ermita de Sant Medir, situada en la sierra de Collserola. Allí se celebra un acto conjunto en honor del santo, con misa y colocación de lazadas conmemorativas en las banderas. De regreso al barrio, el pasacalle principal reparte caramelos sin descanso. La tradición marca que la fiesta tenga lugar en día laborable; si el 3 de marzo cae en domingo, se traslada al día siguiente, salvo en la Bordeta, donde el desfile se celebra siempre el domingo posterior.
Cómo se celebra la fiesta de San Medir
Una promesa que se convirtió en tradición
El origen documentado de la fiesta se sitúa en 1828. Ese año, el panadero graciense Josep Vidal i Granés, con obrador en la calle Gran, prometió que, si superaba una dolencia, acudiría cada año en romería a la ermita de Sant Medir. Cumplió su palabra y, con el tiempo, familiares y amigos comenzaron a acompañarlo hasta organizarse en colles.
A la vuelta de la romería, Vidal lanzaba habas al vecindario como gesto simbólico vinculado al santo campesino. Con el paso de los años, las habas fueron sustituidas por caramelos, hasta tal punto que hoy la jornada es conocida popularmente como la “Dulce Fiesta”. Este proceso de transformación ilustra cómo las tradiciones evolucionan sin perder su núcleo identitario, algo que diversos estudios sobre cultura popular europea subrayan como rasgo esencial del patrimonio inmaterial.
Durante la fiesta, los romeros llevan como símbolos un lacito con un haba y una medallita del santo y un pomo de violetas, flor que resiste el frío del invierno y que, por lo tanto, se deja ver en esta época del año.
La leyenda de san Medir
La celebración rinde homenaje a san Medir, un campesino que, según la tradición, vivía en tierras próximas a Sant Cugat en el año 303. Durante la persecución de los cristianos ordenada por el emperador Diocleciano, el obispo Severo de Barcelona huía de la ciudad cuando se cruzó con Medir, que sembraba habas.
El obispo le pidió que dijera la verdad si alguien preguntaba por él. Tras su marcha, las habas crecieron de forma milagrosa. Cuando los perseguidores interrogaron al campesino, este explicó lo sucedido con sinceridad. Al creer que se burlaba de ellos, lo apresaron junto al obispo y ambos fueron martirizados. La narración combina elementos históricos y legendarios, configurando un relato que ha perdurado en la memoria colectiva barcelonesa.
La romería y el pasacalle de la fiesta
La jornada del 3 de marzo comienza con el desfile matinal por el barrio. Las colles, ataviadas con chaquetas y sombreros identificativos, avanzan acompañadas por música y banderas. Posteriormente emprenden la romería hasta la ermita de Sant Medir, en pleno parque de Collserola, donde se reúnen representantes de los distintos barrios.
Allí se celebra una misa y el acto de colocación de lazadas en las enseñas de cada colla, símbolo de continuidad y compromiso. De regreso, el gran pasacalle recorre las principales calles del barrio barcelonés de Gràcia y reparte miles de kilos de caramelos. La escena, colorida y bulliciosa, constituye uno de los momentos más esperados del año.
Una fiesta reconocida y viva
La vitalidad de San Medir encaja con la definición de patrimonio cultural inmaterial establecida por la UNESCO en la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, donde se destaca la importancia de las prácticas festivas transmitidas de generación en generación.
Asimismo, el Ayuntamiento de Barcelona recoge en su portal de cultura popular la relevancia histórica y social de esta celebración dentro del calendario tradicional de la ciudad.
Más allá del volumen de dulces repartidos, la fiesta representa cohesión vecinal y sentimiento de pertenencia. Las colles, formadas por familias enteras, trabajan durante meses para organizar su participación. El carácter laborable de la jornada refuerza su singularidad y demuestra que la tradición se impone al ritmo cotidiano.
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