Castilla y León
Antiguo Egipto

Los historiadores no dan crédito pero acaban de confirmar que el anillo de Tutankamón está en esta ciudad de España: el tesoro faraónico oculto con 600 piezas y 5.000 manuscritos

La pieza se encuentra en el Museo Liceo Egipcio, una institución prácticamente única en España dedicada a la egiptología

Hay historias que parecen imposibles. Que un pequeño museo instalado en un palacio barroco del casco histórico de León custodie una pieza vinculada al faraón más famoso de la historia parece una de ellas. Pero ocurre. Mientras millones de turistas viajan cada año al Gran Museo Egipcio o recorren las salas del British Museum fascinados por el universo funerario del Antiguo Egipto, en una calle silenciosa de la capital leonesa se conserva uno de esos objetos que rozan la leyenda: un anillo atribuido a Tutankamón.

La pieza se encuentra en el Museo Liceo Egipcio, una institución prácticamente única en España dedicada a la egiptología y creada por el egiptólogo leonés Raúl López. El museo, instalado en el histórico Palacio de Gaviria, se ha convertido con los años en una rareza cultural dentro del mapa español: más de 600 piezas, miles de volúmenes especializados y exposiciones temporales que han logrado atraer la atención de investigadores y aficionados al mundo faraónico.

Pero entre sarcófagos, amuletos, ushebtis y reproducciones funerarias, existe un objeto que eclipsa el resto. No por su tamaño, sino por lo que representa.

El crecimiento del Museo Liceo Egipcio ha sido constante desde su apertura en 2013. Nació inicialmente en La Virgen del Camino como un pequeño proyecto impulsado por los egiptólogos Raúl López y Beatriz Cañas, pero el aumento de visitantes, cursos y exposiciones obligó al museo a trasladarse años después al histórico Palacio de Gaviria, en pleno casco antiguo de León. Ese cambio supuso un salto definitivo: más espacio expositivo, nuevas salas, incorporación de piezas inéditas y una ampliación de su actividad cultural y académica.

El faraón que nunca murió del todo

El posible anillo de Tutankamón no está hecho de oro. Tampoco lleva incrustaciones de piedras preciosas. Su material es mucho más humilde y, quizá por ello, más misterioso: fayenza azul, una cerámica vidriada muy utilizada en el Antiguo Egipto y asociada simbólicamente a la protección, la fertilidad y la eternidad.

La relevancia de la pieza reside en otro lugar. Sobre su superficie aparece grabado uno de los nombres reales del joven faraón: Nebjeperura, Señor de las formas de Ra. En la civilización egipcia, conservar el nombre equivalía a sobrevivir a la muerte. Perderlo era desaparecer para siempre.

Y eso precisamente intentaron hacer con Tutankamón

Tras su muerte, sus sucesores trataron de borrar gran parte de su memoria histórica debido al conflicto religioso derivado de la revolución monoteísta impulsada por Akenatón. Muchos objetos fueron destruidos o reutilizados, y el nombre del faraón quedó oculto durante siglos bajo arena, ruinas y olvido. La paradoja histórica quiso que aquel intento de eliminación acabara preservando intacta su tumba hasta el descubrimiento de Howard Carter en 1922. Por eso existen tan pocos objetos auténticos relacionados directamente con él fuera de los hallados en su sepulcro.

León, Londres y Nueva York: un circuito impensable

La singularidad del anillo leonés adquiere todavía más fuerza al compararlo con las grandes colecciones internacionales. Objetos similares vinculados a Tutankamón sólo aparecen en instituciones de primer nivel mundial como el British Museum, el Metropolitan Museum of Art o el Museo Nacional de Escocia.

España, tradicionalmente alejada de los grandes circuitos de coleccionismo egipcio dominados durante décadas por Francia, Reino Unido o Alemania, apenas cuenta con piezas faraónicas de este nivel fuera de algunas colecciones estatales y privadas muy concretas. Por eso el caso leonés resulta tan llamativo dentro de la egiptología europea.

El fenómeno tiene algo de insólito. Como si una pequeña ciudad del norte de España hubiera conseguido guardar un fragmento del Valle de los Reyes entre catedrales góticas, niebla y tabernas de vino prieto.

El magnetismo eterno de Tutankamón

Todo lo relacionado con Tutankamón continúa generando fascinación mundial más de un siglo después del hallazgo de su tumba. El reciente protagonismo del faraón en la inauguración del nuevo Gran Museo Egipcio volvió a demostrar que su figura sigue siendo el gran icono universal del Antiguo Egipto. El museo egipcio, considerado el mayor del mundo dedicado a una sola civilización, gira precisamente alrededor de los más de 5.000 objetos encontrados en su enterramiento.

La razón va más allá de la arqueología. Tutankamón reúne todos los ingredientes del mito: juventud, muerte prematura, tesoros intactos, maldiciones, conspiraciones religiosas y una tumba sellada durante más de tres mil años.

Su máscara funeraria se ha convertido probablemente en el rostro más reconocible de toda la historia antigua. Y cada objeto asociado a él —desde la famosa daga forjada con hierro de meteorito hasta sus sandalias ceremoniales— sigue alimentando investigaciones científicas, teorías y debates culturales.

Un museo pequeño con ambición internacional

El Museo Liceo Egipcio ha logrado precisamente eso: acercar a una ciudad de provincias el eco de las grandes colecciones faraónicas del mundo.

Fundado en 2013 por Raúl López y Beatriz Cañas, el centro nació con una doble vocación: divulgación científica e investigación. Con el tiempo ha desarrollado actividades poco habituales en España, desde recreaciones rituales sobre la resurrección de Tutankamón hasta exposiciones sobre magia, momificación o joyería funeraria egipcia.

En un país donde la egiptología suele quedar eclipsada por Roma, Grecia o Al-Ándalus, León ha construido discretamente un pequeño refugio faraónico.

Y quizá ahí reside parte de su encanto: el visitante no espera encontrar en el norte de España un objeto que conecta directamente con el rey niño del Valle de los Reyes.

Así, en una vitrina silenciosa de León, lejos del Nilo, del Cairo y de las pirámides, el nombre de Tutankamón sigue resistiendo al tiempo.