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ENTREVISTA EXCLUSIVA

Los trileros se graban con cámaras GoPro para blindarse frente a las denuncias de turistas que pierden dinero

Fernando Bustamante ha encontrado una fórmula para protegerse: grabar todo lo que ocurre durante las partidas

La presión policial y las continuas quejas de turistas que abandonan las partidas con menos dinero del que llegaron han obligado a los trileros de la Playa de Palma a reinventarse. Tras décadas de enfrentamientos con las autoridades y acusaciones de estafa por parte de jugadores que aseguran haber sido engañados, Fernando Bustamante, uno de los históricos del trile en el Arenal, asegura que han encontrado una fórmula para protegerse: grabar absolutamente todo lo que ocurre durante las partidas.

El veterano trilero explica que las cámaras se han convertido en una herramienta fundamental para demostrar que los participantes juegan por voluntad propia y que nadie les obliga a apostar. Según sostiene, las grabaciones sirven para desmontar las denuncias que algunos turistas presentan después de perder dinero y arrepentirse de haber participado en el juego.

«Antes nos acusaban de que robábamos, pero claro, ahora lo grabamos todo. Ahora todas las jugadas quedan grabadas. Todas, para que vean que nosotros no le hacemos daño en cualquier momento, que el que juega es porque quiere», afirma Bustamante.

Las imágenes, asegura, recogen desde el momento en que el turista se acerca a la mesa hasta que decide apostar su dinero. Para los trileros, estas grabaciones constituyen una especie de seguro frente a las acusaciones posteriores de quienes, después de perder, intentan recuperar el dinero alegando que han sido víctimas de una estafa. Bustamante sostiene que este cambio de estrategia ha modificado incluso la relación que mantienen con las fuerzas de seguridad. Según relata, los agentes conocen perfectamente la existencia de estas grabaciones y en numerosas ocasiones han podido comprobar el desarrollo completo de las partidas.

«Ahora ya menos nos persiguen. Ya han visto muchas cosas. Va un guiri, le para la policía y dice ‘¿Ha jugado?’, ‘Sí’. Y luego encima demostramos los vídeos de cómo ellos juegan solos, pues ¿qué van a hacer?», explica.

El histórico trilero insiste en que muchos de los conflictos se producen después de que los jugadores comprueben que han perdido dinero intentando vencer al trilero. A su juicio, el enfado posterior lleva a algunos turistas a denunciar unos hechos que previamente habían aceptado de forma voluntaria. Por eso considera que las cámaras han cambiado las reglas del juego y han proporcionado una prueba documental que antes no existía.

Según su versión, el trile se mueve actualmente en un terreno administrativo y no penal. Bustamante rechaza de plano las acusaciones de robo y defiende que la actuación policial se limita habitualmente a sanciones y decomisos del material utilizado en las partidas.

«Entendemos que esto es una falta administrativa, no es un delito. Nosotros no cometemos delitos. La Policía hace su trabajo… nos hace una denunciita, un acta, nos quita las patatas y ya está». Las patatas utilizadas para esconder la bola se han convertido, de hecho, en uno de los principales objetivos de las intervenciones policiales. Tanto es así que Bustamante recuerda entre risas una escena que define hasta qué punto forman parte de su día a día.

«El otro día le fui a dar al municipal 50 euros para que me fuera devuelta la patata, que era domingo por la noche y no tenía más. No había patatas, no podía comprar patatas yo, ¡se las fui a comprar al municipal!», relata.

La anécdota refleja la importancia que tienen estos elementos aparentemente insignificantes dentro de un negocio que funciona todos los días durante la temporada turística. Sin las patatas adecuadas, explica en otras partes de la conversación, resulta imposible poner en marcha las partidas.

Más allá de las cámaras, las multas y los continuos controles policiales, Bustamante sigue llamando la atención por una imagen imposible de ignorar en el paseo marítimo. Su actual cresta teñida de rojo intenso no responde a ninguna estrategia para atraer clientes ni a una extravagancia estética. Tiene, asegura, una explicación mucho más sencilla.

«Esto es porque soy español. ¡Que salga, ¿eh?! Que soy español, esto lo tengo porque soy español, porque juega España. Cuando termine España me lo quito». A sus años y después de décadas viviendo del trile, asegura haber dejado atrás gran parte de los excesos asociados a la noche del Arenal. Dice que ya no sale de fiesta ni consume alcohol, aunque mantiene un hábito que continúa costándole una pequeña fortuna cada mes.

«Yo ya llevo mucho tiempo que no salgo de fiesta ni bebo ni nada. Yo fumo no más, fumo tabaco, cigarro». El gasto, según reconoce él mismo, resulta difícil de creer. «Me fumo 100 euros diarios. 100 euros diarios de tabaco, madre mía».

Mientras las cámaras GoPro registran cada movimiento sobre la mesa y los turistas siguen formando corros alrededor de las partidas, Bustamante asegura que seguirá utilizando las grabaciones como principal escudo frente a las denuncias de quienes intentan recuperar en los despachos el dinero que perdieron intentando encontrar una pequeña bola escondida bajo tres simples patatas.