‘Rigoletto’ como cierre de la 40 Temporada de Ópera del Principal nos ha regalado un trío de ases
La que se presentaba en Palma es una coproducción en la que intervienen seis teatros de ópera, cinco italianos y uno francés
La ópera Rigoletto se caracteriza, particularmente, porque contempla tres papeles cumbre que representan la culminación de la literatura operística en su vertiente de drama musical. Papeles centrados en el bufón Rigoletto, un actor de carácter de voz poderosa (barítono), al tiempo que capaz de darle expresividad a tonalidades suaves e íntimas; su hija Gilda, considerada un papel estelar para una soprano de coloratura, y el duque de Mantua (tenor), intérprete de bel canto de primera clase.
Esta es la razón por la que requiere esta ópera una terna de principales llevada a su máxima excelencia y así ha ocurrido en la versión de Rigoletto que viene a cerrar la 40 Temporada de Ópera del Teatro Principal de Palma. Desde días antes de su estreno, el 17 de junio, estaban agotadas las entradas para las tres funciones programadas.
La que se presentaba en Palma es una coproducción en la que intervienen seis teatros de ópera, cinco italianos y uno francés.
En efecto, el barítono italiano Damiano Salerno, la soprano venezolana Génesis Moreno y el tenor croata Filip Filipovic han triunfado en todas las funciones programadas, saliendo figuradamente por la puerta grande. En el caso de Génesis Moreno, le asistía el plus de haber participado en 2024 en la Temporada del Principal, ganándose al público por aquella preciosa recreación de Julieta en la ópera de Charles Gounod, Roméo et Juliette.
Nada más entrar en la sala gran del Teatro Principal de Palma y una vez sube el telón, el público se enfrenta a una estructura metálica compleja diseñada por Tomasso Lagatolla. Una suerte de abstracción que esconde la búsqueda del diálogo directo entre el libreto de Rigoletto y el libro en el que se inspira, Le roi s’amuse de Víctor Hugo. Apenas dos décadas son las que separan la idea original de Víctor Hugo y la adaptación a la ópera de Giussepe Verdi. Menos aún, si se tiene en cuenta que la idea le rondaba a Verdi desde años antes.
La ambientación es la misma, tanto en el drama de Víctor Hugo (1832) como en la ópera de Verdi (1851): el siglo XVI, en el caso de Víctor Hugo centrado en la figura de Francisco I, consagrado en 1515 rey de Francia. Debido a la censura, Giuseppe Verdi no pudo contar cómo se divertía el rey, teniéndose que conformar con la figura del duque de Mantua, una familia ya desaparecida en el momento de crear el libreto.
La estructura abstracta de Tomasso Lagatolla aquí es reinterpretada, puesta en manos de la prestigiosa directora de escena Elena Barbalich, quien nos cuenta en sus notas al programa que estamos «ante una síntesis espacial en adecuada semejanza al prototipo de la cámara de las maravillas», originaria precisamente del siglo XVI, y que evolucionará hasta el XVIII, exhibiendo colecciones privadas de todo tipo. De ahí que, levantado el telón, veamos en las vitrinas una serie de mujeres desnudas, porque en la ópera de Verdi las mujeres son un elemento vital del libidinoso duque de Mantua.
Se diría que el paralelismo que establece Lagatolla se transforma en coleccionismo al ser utilizada la estructura por Barbalich. Lo que no entra en contradicción, necesariamente, con el contraste entre los dos mundos enfrentados: el del duque y el de Rigoletto y Gilda. Y aquí entran en juego los papeles cumbre.
Además de una serie de dúos que han alcanzado reconocimiento, los pilares de la trama se apoyan en arias: la de soprano (Caro nome), la de barítono (Cortigiani, vil razza dannata) y la de tenor (La donna é mobile). Siendo contemporáneos Víctor Hugo y Giuseppe Verdi, es fácil imaginarse que el compositor conocía el lamento del francés: «¡Si yo pudiera hacer hablar a cuatro personas a la vez!». La respuesta de Verdi es magistral en el cuarteto maravilloso (en realidad, dos dúos entrelazados), Bella figlia dell’amore: cada personaje refleja sus sentimientos de forma simultánea, sumándose al trío prodigioso la soprano mallorquina Begoña Gómez, como Maddalena.
Este Rigoletto, un tanto abstracto y excéntrico en lo escenográfico, bien llevado por la batuta de Oliver Díaz, ha sido un excepcional regalo para el cierre de la 40 Temporada de Ópera del Principal de Palma. Un reparto en el que igualmente brillan los secundarios y figurantes, rindiéndose ante la autoridad excepcional del trío supremo. Los bramidos del público al salir a saludar el tenor Filipovic, el barítono Salerno y muy en especial la soprano Moreno dejaban claro que Rigoletto nos había regalado un trío de ases.
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