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El ‘monstruo homófobo’ de Mallorca: revienta a dos turistas porque no le gustan los homosexuales

El acusado ha sido condenado a cuatro años y siete meses de prisión y una multa de más de 25.000 euros tras alcanzar un acuerdo

Mallorca, uno de los destinos más deseados del Mediterráneo, conocido por sus aguas cristalinas y su ambiente relajado, ha quedado marcado por un episodio de violencia extrema del conocido popularmente como el ‘monstruo homófobo’ que ha dejado en shock tanto a residentes como a visitantes. Lo que parecía un verano más en el paraíso terminó convirtiéndose en una historia de terror protagonizada por un ataque brutal, inesperado y cargado de odio por el simple hecho de que las víctimas eran homosexuales.

Todo comenzó una tarde aparentemente tranquila de finales de agosto de 2024. El sol brillaba con fuerza sobre la playa de El Mago, en Calvià, un lugar frecuentado por turistas de todo el mundo. Nadie podía imaginar que, en cuestión de minutos, ese escenario idílico se transformaría en el epicentro de una agresión salvaje.

Un hombre de 29 años, de nacionalidad española, se cruzó con un turista extranjero de 45 años en las inmediaciones del aparcamiento de la playa. Sin que mediara discusión alguna, el agresor descargó su violencia de forma repentina: primero un puñetazo que dejó a la víctima aturdida, y después una secuencia de golpes con una piedra de gran tamaño dirigidos directamente a la cabeza. La escena, ya de por sí brutal, dio un giro aún más inquietante cuando el atacante sacó un martillo de su mochila.

El objeto, lejos de ser improvisado, parecía formar parte de una intención premeditada. Con él, continuó golpeando al hombre en distintas partes del cuerpo antes de huir, dejando a su víctima gravemente herida en el suelo.

Las consecuencias fueron devastadoras. El turista sufrió un grave traumatismo craneoencefálico, con fractura en la zona parietal y hundimiento del cráneo. Permaneció ingresado varios días y necesitó semanas para recuperarse físicamente, según se recoge en el escrito del fiscal. Sin embargo, las secuelas psicológicas resultaron aún más profundas: ansiedad, miedo y un estrés postraumático que lo acompañó de regreso a su país. Sus vacaciones quedaron arruinadas, así como otros planes de viaje que tuvo que cancelar debido a su estado.

Pero el terror no terminó ahí. Apenas unas semanas después, en septiembre, el mismo individuo volvió a protagonizar un nuevo episodio de violencia. Esta vez, el escenario fue un sendero cercano a la costa, donde una pareja de turistas disfrutaba del paisaje y se tomaba fotografías. El momento, aparentemente inocente, se convirtió en otra pesadilla. El odio a los homosexuales era total y absoluto hasta el punto de querer acabar con la vida de todos ellos.

El agresor se aproximó por la espalda a uno de los hombres y le propinó un golpe en la nuca que lo dejó sin capacidad de reacción. La víctima perdió el equilibrio y cayó por un terraplén de aproximadamente diez metros de altura. La caída fue brutal. El impacto contra el suelo le provocó un nuevo traumatismo craneal, además de múltiples heridas en el rostro.

El ataque fue presenciado por varias personas, que, paralizadas por la sorpresa, lograron aun así captar imágenes del agresor y de su vehículo mientras huía del lugar. Esas pruebas resultaron determinantes para la investigación. Horas más tarde, agentes de la Guardia Civil lograron localizar y detener al sospechoso cuando regresaba al domicilio familiar en Marratxí. La rápida actuación policial permitió poner fin a una cadena de agresiones que había sembrado el miedo en la zona.

Finalmente, la Audiencia de Palma ha dictado sentencia tras un acuerdo entre las partes. El acusado, identificado como Francisco Jorge R. G., ha sido condenado a cuatro años y siete meses de prisión, tras reconocer los hechos. Además, ha abonado más de 25.000 euros de indemnización a las víctimas antes de la celebración del juicio.

Sin embargo, la resolución judicial no ha apagado la indignación social. Muchos consideran que la gravedad de los hechos, marcados por un claro componente de odio, deja una sensación de insuficiencia en la respuesta penal. Más allá de la condena, este caso ha reabierto un debate incómodo: ¿hasta qué punto están realmente protegidos los turistas y las personas del colectivo LGTBI en destinos que se promocionan como seguros y abiertos?

Mallorca sigue siendo un lugar de ensueño para millones de viajeros, pero sucesos como este recuerdan que, incluso en los rincones más paradisíacos, la violencia puede irrumpir sin previo aviso. Y cuando lo hace, deja cicatrices que ni el tiempo ni el dinero pueden borrar fácilmente.