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El infierno de una familia cubana en Mallorca: una casera desquiciada les hace la vida imposible para echarlos

Los afectados aseguran que la mujer ha "enloquecido" y ha decidido instaurar un clima de terror basado en insultos, amenazas y agresiones

Alquilaron una casa en el puerto de Pollença (Mallorca) hace unos pocos años y ha terminado convirtiéndose en la ‘casa del terror’. Un matrimonio de origen cubano y sus dos hijos menores de edad denuncian el calvario diario que tienen que afrontar debido a una casera desquiciada que ha empezado a hostigarles sistemáticamente.

Los afectados llegaron a la isla hace más de 20 años y desde el pasado mes de agosto viven en esta vivienda, donde residían con normalidad hasta que la propietaria del inmueble, española de unos 55 años de edad, ha decidido instaurar un clima de terror basado en insultos, amenazas y agresiones.

Según denuncia este matrimonio a OKBALEARES, la mujer ha «enloquecido» y ahora les quiere echar de la vivienda a pesar de que pagan religiosamente los 800 euros mensuales que figuran en el contrato de alquiler. «Nos hace la vida imposible, nos ataca constantemente», manifiesta el padre de la familia.

La casera tiene un pasado manchado por la adicción a las drogas, aunque ahora está libre de todo vicio. «Es una señora que se ha tomado todas las drogas del mundo, pero ahora está medicada y siempre nos había tratado genial, es una buena persona», relata el inquilino.

Sin embargo, según él, ha desarrollado un comportamiento agresivo y problemático que empezó desde que su actual pareja desarrolló el síndrome de Diógenes. «Viene a tirarnos cosas a nuestra casa en plena madrugada, nos golpea las paredes hasta provocar agujeros y nos grita de delante de los vecinos», afirma una de las víctimas a este periódico.

Además, tal y como se pueden ver en las imágenes, se pasea por las zonas comunes semidesnuda y arranca los limones de un árbol por pura rabia. «Nuestros hijos tiene miedo, a veces no salimos de casa por temor a lo que nos pueda hacer», manifiesta preocupado el hombre.

Según la versión de los afectados, el quiebre del vínculo entre la casera y los inquilinos tiene un origen claro. El calvario se originó cuando la familia se trasladó en agosto a otra de las viviendas del solar, también propiedad de la conflictiva mujer, amparados por un contrato de cinco años. Al entrar, se encontraron con una casa abandonada a la suciedad y plagada de gusanos que requería una reforma integral.

Con esfuerzo y recursos propios, los inquilinos cubanos sanearon y rehabilitaron el inmueble hasta dejarlo impecable. Sin embargo, al ver el lavado de cara y el valor que había ganado la propiedad, la arrendadora cambió radicalmente de parecer, se arrepintió de haberles brindado ese contrato de larga duración y ahora busca a la desesperada recuperar su casa de mala manera y a toda costa para ejecutar lo que es su verdadero plan: vender el lote completo de casas a un familiar.

Debido a esto, los familiares de la arrendadora empezaron a hablar mal de ellos a la propietaria de la casa, haciéndole creer que le querían estafar, y desde entonces la mujer tiene una percepción totalmente falsa y distorsionada de la familia. «Al principio nos trataba bien, ahora nos odia», explican.

Los afectados quieren poner fin a este hostigamiento constante y presentaron una denuncia ante la Policía Local de Pollença, pero de poco ha servido. «Les presentamos como prueba todos los vídeos que tenemos, pero nos dicen que no pueden hacer nada», aseguran.

La distópica situación que viven les empuja a pensar que finalmente tendrán que abandonar la casa con sus dos hijos, aunque la idea les provoca auténtico pánico por la dificultad que hay para encontrar una vivienda de precio asequible. «Si nos tenemos que ir de aquí, no tenemos donde ir, no podemos quedarnos en la calle con dos niños», lamentan con preocupación.