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España, qué locura

Cualquier forastero que analice la presente situación de España se preguntará sorprendido: «¿Qué les pasa a los españoles? ¿Se han vuelto locos? No son ni capaces de defender su propia lengua». Desde hace ocho años están sometidos por un curioso personaje que ha violado la ética, la lógica, la decencia y las más elementales reglas democráticas. Desde su entrada fraudulenta como secretario general de un partido político histórico, o como presidente del Gobierno, ha sido capaz de desfigurar al PSOE y a la buena gobernanza, y nos ha situado en el ridículo internacional y en una profunda crisis nacional. Últimamente está muy activo defendiendo ex cathedra sus tropelías.

No les voy a cansar con una extensa lista de anomalías, corrupción, sumisión a secesionistas, filoterroristas, al fugitivo Puigdemont y a lo peor de cada familia. Ha trocado la mentira en virtud y la incompetencia en norma. Alguien escribió en 2019: «Pedro Sánchez, un problema para la seguridad nacional». «Los poderes del Estado no deben permitir esta actuación lesiva y proceder a constatar si la conducta del candidato (Sánchez) incurre en responsabilidad criminal. Estamos ante un problema de seguridad nacional».

Tras ocho años, él y los que le rodean son muy parecidos. La manada berrea indecentemente en defensa del gran capo; me recuerdan a malditos personajes alemanes o soviéticos que provocaron la II Guerra Mundial. Celebramos los 50 años de cambio de régimen, del franquismo al sanchismo, y los 22 años de la masacre del 11M de 2004. Execrable día por la tragedia del atentado terrorista; todavía desconocemos al commanditaire, un atentado que precipitó la caída del Gobierno y la entrada de un partido con un iluminado que ahora está siendo investigado.

¿No son conscientes los españoles de la crítica situación en la que se encuentran? Están a un paso de entrar en un régimen sin retorno: el bolivarianismo o neocomunismo. ¿Cómo es posible que apoyen a un jefe de Gobierno que lleva a cabo un insidioso golpe de Estado?

Como buen capo de la narcopolítica, trinca a los mejores expertos para configurar un nuevo régimen y garantizar su supervivencia. A la pregunta de qué les pasa a los españoles, si repasamos el escenario político, podemos aceptar, por varias razones, cierta indulgencia con la ciudadanía. En primer lugar, el control mediático es insoportable: domina el relato a través de los medios adictos o sometidos por la subvención, controla el presupuesto aunque viole el control constitucional, el Estado está en almoneda e invade o coloniza todo lo que puede. El permanente discurso progre, sindicalista o woke empuja el velamen del régimen sanchista.

Por otra parte, la ciudadanía que madruga, cuida de la familia y llega agotada tras la jornada laboral, poca atención presta a la política o a esta fragilidad democrática. Normalmente reacciona cuando le suben los abusivos impuestos, la factura de la luz o del combustible, o ve con estupor cómo se mima a inmigrantes simplemente por ser musulmanes o recién llegados en pateras. El buenismo oficial que ha abducido a parte de nuestra sociedad ya no cuela. Esa duradera y permanente lluvia fina progre empieza a resquebrajarse. Es de admirar la capacidad de movilización de la izquierda, pero su razón es defender su privilegiada situación, o la paguita a cambio de nada como el hermano del jefe.

Qué fácil es regar con dinero público a colectivos para garantizar el voto de la progresía, aunque esta sea tan destructiva. ¿Somos conscientes de la maniobra para instalar un nuevo régimen, lejos del debate parlamentario? Decisiones muy importantes, como la necesaria aprobación de los presupuestos o acuerdos que condicionan el futuro de España, no pasan por las Cortes. El número uno sigue gobernando a golpe de decreto.

Lo he denunciado muchas veces desde 2019, lo hemos denunciado muchas veces, pero las prietas filas sanchistas —como dirían algunos del narco— son capaces de matar para mantener al monstruo que les da de comer. No tienen el menor respeto por las víctimas del régimen, sean guardias civiles, viajeros de tren y demás afectados por la incompetencia del Gobierno.

Eso sí, el que no opine igual que el Gran Hermano es un facha, y si además dice eso de la prioridad nacional, es un peligro. Pues ya saben: yo y muchos, afortunadamente, somos un peligro para el sanchismo.

El Santo Padre León XIV bendice a España, enmendando al Papa Francisco, que nunca nos visitó durante su pontificado. Creo todavía en los milagros, pero necesitamos uno muy grande que aparte a este diablo de la Moncloa.

En 1978 construimos la democracia; sola no se mantiene, debe defenderse cada día de las alimañas. Si no somos capaces de movilizarnos, si no luchamos activamente contra este monstruo, seremos cómplices y pereceremos como nación. Audentes fortuna iuvat.