‘David’ de Paco Zarzoso: los demonios interiores llevados al límite en el Teatre del Mar
Enric Juezas y Àngels Fígols trasladan al público unos diálogos intensos, perfectamente ordenados en una cronología que cobra sentido al final del relato
Las discusiones entre padre e hijo en David son iracundas; permanentes siempre. Hablamos de la producción de los valencianos Hongaresa Teatre. El reconocimiento les llegó, primero por el texto en el 2022 y después, el año 2024, como Mejor Espectáculo en la Mostra de Teatre de Alcoi. Tampoco se quedaron atrás las nominaciones en los Premios de Artes Escénicas. Y lo cierto es que, viendo la puesta en escena, se entiende tanta unanimidad.
Paco Zarzoso, autor y director de David, hace un trabajo extraordinario al abordar con extremada enajenación, y excelente pulso escénico, el conflicto de los abusos sexuales infantiles y su incidencia en la conducta de víctimas convertidas asimismo en verdugos. Sobre las tablas, los dos personajes que interpretan Enric Juezas y Àngels Fígols trasladan al público unos diálogos intensos, perfectamente ordenados en una cronología que cobra sentido al final del relato.
De manera que buena parte de la representación descansa en la capacidad de comunicación dramática de ambos intérpretes, sabiendo mantener la atención del espectador, que no llega a sospechar el giro final de la historia. Cuando fui a ver la obra en el Teatre del Mar, había poco público en la sala y, sin embargo, el silencio en la sala no se debía a las gradas vacías, sino al efecto de una intensidad dramática que solamente se da en los buenos relatos.
En realidad, David, pese a figurar en el título de la obra, es un personaje al que jamás llegaremos a ver en escena, porque simplemente es un leitmotiv; una magistral ambigüedad que será desvelada en los minutos finales donde -ahora sí- afloran los demonios interiores en su forma más descarnada.
Es mucho más que eso. La misma razón oscura del relato. La brusquedad del desenlace da sentido a todo el entramado y lo curioso, sin advertirlo el público. Todos piensan que David acabará apareciendo físicamente sobre las tablas porque así lo ha insinuado la dramaturgia. Esa es la grandeza del texto laureado, de Paco Zarzoso, y también la capacidad de Juezas y Fígols de mantener una intensa dialéctica que nos conduce dócilmente al final.
Lo interesante de la obra es incidir en el abuso infantil, invitando al público a reflexionar sobre el pensamiento posterior a lo ocurrido en el pasado y de qué manera saber resguardarlo para seguir oculto en lo profundo de nuestra memoria, completamente apagada la obscena realidad del pasado. Digamos que, en definitiva, David es la historia de una larvada enajenación.
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