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Condenado un joven sudamericano por arrojar una botella llena de orina a una educadora en un centro de menores de Mallorca

Su paso por Es Pinaret estuvo marcado por episodios de extrema conflictividad, agresiones y un clima de miedo que llegó a afectar tanto a los trabajadores como a los propios internos

Su comportamiento fue tan complicado que acabó siendo trasladado a un centro de Almería

Su estancia en el centro de internamiento de menores de Es Pinaret, en Mallorca, se convirtió en una auténtica pesadilla para educadores, personal de seguridad y otros internos. Tenía apenas 14 años cuando ingresó en las instalaciones por problemas relacionados con la violencia en el ámbito familiar. Sin embargo, lejos de encontrar un entorno de contención, su presencia terminó convirtiéndose en uno de los mayores quebraderos de cabeza para los responsables del centro.

El joven, de origen sudamericano, protagonizó una trayectoria marcada por una enorme conflictividad y episodios de violencia que hicieron cada vez más difícil la convivencia dentro de las instalaciones. Su comportamiento llegó a generar tal preocupación que, finalmente, las autoridades tuvieron que trasladarlo a un centro de internamiento de Almería, lejos de Mallorca.

Uno de los episodios más llamativos de su paso por Es Pinaret se produjo cuando, durante una jornada en el patio, decidió protagonizar una agresión especialmente vejatoria contra una educadora. El joven cogió una botella de plástico, orinó en su interior y, acto seguido, vació todo su contenido sobre la trabajadora, empapándola de orina.

Pero la situación no terminó ahí. Cuando el personal de seguridad intervino para controlar el incidente, el joven también arremetió contra los trabajadores, a los que golpeó sin mostrar ningún tipo de arrepentimiento.

El miedo que imponía era tal que incluso los responsables del centro llegaron a adoptar medidas para evitar que estallara. Hasta el punto de que una de las responsables del centro -que le tenía pánico- llegó a regalarle una caja de bombones con la intención de mantenerlo tranquilo y evitar nuevos episodios de violencia.

Su comportamiento no solo afectaba a los profesionales que trabajaban en Es Pinaret. También los propios internos sufrían las consecuencias de un ambiente de tensión permanente, con las dificultades añadidas que suponía gestionar a un menor cuya conducta había alcanzado niveles de conflictividad tan elevados.

Afortunadamente para quienes tuvieron que convivir con aquella situación, su etapa en el centro mallorquín terminó con el traslado a Almería. Sin embargo, los hechos protagonizados durante aquellos años han seguido teniendo recorrido judicial.

Ahora, ya con 18 años, el joven ha tenido que sentarse de nuevo ante un tribunal por uno de los episodios ocurridos durante su estancia en el centro. La Justicia lo ha condenado a algo más de un año de prisión por arrojar una botella llena de orina a una educadora y agredir posteriormente al personal de seguridad que intervino.

Una condena que pone el punto final judicial a uno de los episodios más desagradables de su paso por Es Pinaret, el centro de internamiento de menores de Mallorca. No obstante, al tratarse de hechos cometidos cuando todavía era menor de edad, la pena no se traducirá en su ingreso en una prisión ordinaria de adultos.

Para los trabajadores que tuvieron que soportar aquellos episodios, el final de esta historia supone también cerrar un capítulo especialmente complicado de su trayectoria profesional. Durante su estancia en el centro, agredió a más de una decena de vigilantes, educadores y dirección.