Brillante cierre del Festival Bellver con la batuta del londinense Michael Francis
Sobre el papel, la edición 2026 del Festival Bellver, que durante varios quinquenios fue conocido como Estius Simfònics, tenía previsto su plato fuerte el 9 de julio con la presencia de Francisco Fullana en su doble labor como solista y director invitado. No en vano hablamos del violinista más universal que ha dado Mallorca y, en efecto, la velada fue de alto nivel; más si cabe, siendo el niño prodigio que debutó con la Sinfónica de Baleares con tan solo 9 años, en la actualidad nombrado artista residente de la OSIB.
Después de aquel lleno absoluto, el público, por completo entregado al ser Fullana muy querido por el melómano mallorquín, aguardaba silenciosa la velada de clausura y bien dispuesto a sorprendernos. Vaya por delante que la figura de Mozart es la columna vertebral en el pensamiento musical de ambos, el joven de 36 años Fullana y el londinense Michael Francis, que ha cumplido los 50 este 2026. Para ambos, Mozart es una guía fundamental en el entendimiento completo de las claves para la interpretación y dirección.
Si Mendelssohn y Mozart –palabras mayores– eran el reclamo el 9 de julio, en esta ocasión, el 16 de julio, la particularidad de la velada era que iba a estar dedicada íntegramente a la música sinfónica y de cámara británica al objeto de mostrar su evolución desde el lirismo de finales del XIX hasta la brillantez en la primera mitad del XX. El marcado estilo romántico, sereno y elegante de Serenata de Cuerdas (1892) de Edward Elgar venía a ser la referencia al lirismo inglés de finales de siglo, completada la primera parte con la Sinfonía Simple (1934) de Benjamin Britten, obra juvenil como la anterior, teniendo en cuenta el uso de melodías que Britten compusiera siendo un niño y con el resultado de cuadrar una obra fresca y enérgica. En ambos casos, únicamente sobre el escenario las secciones de cuerda.
La segunda parte quedaba reservada para la Sinfonía nº 5 (1943) de Ralph Vaughan Williams, considerada una de las grandes cimas del sinfonismo británico, y que además venía a representar el final del bloqueo creativo de su autor, que venía padeciendo desde 1938 como consecuencia de una crisis emocional en puertas de vivir un pacifista como él el inicio de la II Guerra Mundial. La obra está dedicada a Jean Sibelius en agradecimiento a que su manera de concebir la música le ayudó a superar su bloqueo creativo.
En realidad, toda la noche era en sí misma una suma de dedicatorias y todas ellas en señal de agradecimiento: Elgar al mecenas que le ayudó en sus días iniciales y Britten a su profesora de viola, por estar en sus primeros pasos, y ese aroma de bienestar es el que Michael Francis supo aprovechar como hilo conductor del sonido apacible y profundo que dominó esa noche. No eran obras que en sí mismas nos hablasen de palabras mayores, aunque sí las pautas necesarias para sentir la gran energía que emanan las formas de Francis para conducir y dialogar con la orquesta. Al finalizar, un destacado miembro de la OSIB me comentaba que la sensación que había tenido era parecida a la manera de observar un cuadro, descubrirlo y entrar en él.
En efecto, así era, y qué mejor para ratificarlo que fijarse en Francis: gestos claros, movimientos precisos, en ocasiones muy enérgicos, que contribuyen a hacer que la música suene viva, de la misma manera que mirar un cuadro con tal determinación eleva el espíritu para convivir con la determinación de sus trazos y el calor de las texturas. Michael Francis, con sus gestos tan directos y exactos, guiaba a los músicos al cuándo y cómo debían tocar. La energía en todo momento fue desbordante, emanando tanto desde la batuta como de las propias secciones de la Sinfónica de Baleares. Pura magia.
Todo ello me lleva a la convicción de haber vivido un final brillante con la batuta de Michael Francis, el contrabajista de la London Symphony que el año 2007 dio el salto a la dirección, y desde el 2015 es director titular de la Sinfónica de Florida, que comparte desde ese mismo año con su trabajo de director musical del Mainly Mozart Festival, en San Diego, California.