Andalucía
BULLYNG

Andrea Lozano habla del ‘bullying’ que sufrió en el IES Benalmádena: «Te hacen sentir el problema»

Su intención no es señalar a quienes le hicieron la vida imposible, sino animar a denunciar a aquellos que también lo sufren

El testimonio de Andrea Lozano, de 24 años y ex alumna del IES Benalmádena en Arroyo de la Miel (Málaga), ha vuelto a situar el foco en el problema del acoso escolar tras el suicidio de una menor de 14 años el pasado 14 de febrero del mismo instituto. La joven ha decidido compartir públicamente su experiencia después de que el caso de la adolescente generara una gran conmoción social y reavivara el debate sobre la prevención del bullying en los centros educativos.

A través de un vídeo compartido en su perfil de TikTok, Andrea ha querido compartir por primera vez los episodios de acoso que sufrió durante su etapa como estudiante de secundaria. Según ha explicado, ha guardado silencio durante más de una década, pero, tras el suicidio de Ángela, la menor que se suicidó hace apenas un mes, ha decidido hablar. Su objetivo, ha asegurado, es visibilizar una realidad que muchas veces permanece oculta.

«Desde el minuto uno me hicieron la vida imposible», ha afirmado al recordar el inicio de su experiencia en el instituto. Con esas palabras resume los años en los que sufrió insultos, burlas y agresiones por parte de algunos compañeros.

Años de acoso escolar

De acuerdo con su relato, el acoso comenzó poco después de su llegada al instituto. Andrea explica que, por motivos económicos, tuvo que abandonar su antiguo colegio privado e ir a uno público, donde algunos estudiantes comenzaron a burlarse de ella por su forma de ser y por destacar en los estudios.

«Me llamaban ‘enciclopedia’ o ‘Wikipedia humana’ porque sacaba buenas notas», ha explicado.

Con el tiempo, la situación fue empeorando y, según cuenta, además de los insultos y las humillaciones públicas, sufrió empujones, zancadillas y escupitajos en los pasillos del centro.

También recuerda momentos en los que algunos compañeros se reían de ella delante de otros estudiantes. «Había días en los que no quería ir a clase. Sentía que cualquier cosa que hiciera iba a ser motivo de burla», relata.

La joven asegura que el acoso constante terminó afectando a su autoestima y a su bienestar emocional. «Te hacen sentir que no vales nada, que eres el problema».

Falta de intervención

Uno de los aspectos que más critica en su testimonio es la sensación de falta de apoyo por parte del entorno educativo. Según lo vivido, en algunas ocasiones los episodios de acoso se producían delante del profesorado sin que hubiera una intervención clara.

«Había profesores que lo veían y no hacían nada. Eso te hace sentir aún más sola», comenta durante el vídeo.

Aunque no responsabiliza a todos los profesores, considera que en su caso faltaron mecanismos eficaces para detectar y frenar el acoso escolar.

También subraya que muchas víctimas no se atreven a denunciar lo que ocurre por miedo a que la situación empeore o afecte a terceras personas. En su caso, tiene una hermana pequeña y temía que pudieran ‘ir contra ella’ y hacerle la vida imposible. «Cuando eres adolescente, denunciar no es tan fácil. Tienes miedo a las represalias y a que nadie te crea. Prefería sufrir yo y que a mi hermana no la tocasen, que me pegasen a mí antes que a ella», expone.

 El caso de Ángela

El testimonio de Lozano se hizo público pocos días después del suicidio de Ángela, la menor de 14 años en Arroyo de la Miel el pasado 14 de febrero. La adolescente era estudiante del mismo instituto y, según su familia, llevaba tiempo sufriendo acoso escolar.

El suceso ha generado una gran conmoción en la comunidad educativa y en la localidad de Benalmádena. Tras conocerse la noticia, tanto compañeros como vecinos y familiares mostraron su dolor y comenzaron a surgir testimonios a través de las redes sociales de personas que afirmaban haber vivido situaciones similares.

Aunque las circunstancias exactas del caso aún siguen siendo investigadas, la familia de la menor ha asegurado públicamente que la adolescente había sido víctima de bullying durante un periodo prolongado.

La tragedia ha abierto un debate sobre la capacidad de los centros educativos para detectar y prevenir estas situaciones, así como sobre la necesidad de reforzar los protocolos de actuación ante posibles casos de acoso.

Romper el silencio

Para la joven malagueña, la muerte de Ángela ha sido el detonante que la ha llevado a compartir su propia historia después de años de silencio. «Cuando supe lo que había pasado, sentí que no podía seguir callada», ha explicado.

Durante mucho tiempo ha evitado hablar de lo ocurrido. Ha necesitado distancia para superar aquella etapa de su vida, pero, sin embargo, considera que compartir su experiencia puede ayudar a visibilizar el problema y a que otras víctimas se sientan acompañadas.

Su vídeo se difundió rápidamente en redes sociales, acumulando miles de visualizaciones y generando numerosas reacciones. Muchas personas expresaron su apoyo y agradecieron que hiciera pública su historia.

 Un problema que sigue presente

El caso ha vuelto a poner sobre la mesa la preocupación por el acoso escolar en España. Aunque en los últimos años se han implementado protocolos y campañas de prevención, estos últimos casos hacen entrever que siguen siendo insuficientes.

El bullying puede adoptar múltiples formas, desde insultos y exclusión social hasta agresiones físicas o acoso a través de internet. En muchas ocasiones, estas conductas se prolongan durante meses o incluso años sin que los adultos del entorno lleguen a intervenir.

Lozano insiste en la importancia de escuchar a quienes lo sufren. «Si alguien está pasando por esto, que sepa que no está solo».

Visibilizar para prevenir

Al final del vídeo, la joven insiste en que su intención no es señalar a personas concretas, sino contribuir a que se hable abiertamente del problema del acoso escolar. «Contarlo no es fácil, pero el silencio tampoco ayuda», explica.

Para ella, visibilizar estas experiencias puede ser un paso importante para prevenir nuevas tragedias. «Ojalá nadie tenga que pasar por lo que yo pasé», concluye.