¿Por qué va a ganar la derecha este Domingo?
Al día siguiente de las elecciones autonómicas llamé a mi amiga Susana. Susana vive en Huelva. Susana es socialista hasta la médula, buena persona donde las haya, lista como el hambre y lo vive todo con tal intensidad y pasión que hasta pone la bandera de España en su terraza cuando juega la selección. Le pregunté por el descalabro de su partido. Me contestó que muchos socialistas estaban ya hartos de su tocaya de San Telmo por lo que se habían abstenido. Le dije que por qué, en vez de abstenerse, no había votado a otro partido y me contestó que “lo tenía clarísimo”, que ella votaba socialista o no votaba, pero no podía votar a otro. Como no podía ser de otra manera, también me comentó sorprendida la irrupción en tropel de Vox, la “extrema derecha”.
Cuando, hace unas semanas, el inquilino actual de la Moncloa convocó elecciones generales, llamé de nuevo a Susana para preguntarle qué iba a hacer esta vez. Me dijo abiertamente que volvía a “tenerlo clarísimo” y que iba a votar, “sin duda” al PSOE. Porque su amor al partido está por encima del candidato de turno.
Esta mañana he vuelto a marcar su número. Sigue teniendo “clarísimo” su voto al PSOE, al igual –me dice- que la inmensa mayoría de los socialistas que se abstuvieron en las pasadas elecciones andaluzas. De pasada he aprovechado para preguntarle por Vox, ese partido de “extrema derecha” y tal y tal. Debo confesar que ahora el sorprendido he sido yo. Para Susana, socialista irredenta, resulta que Vox ya no es el monstruo de antes sino que dice cosas sensatas (“no puede llenarse Huelva de gente que viene de Africa –¡sin ni siquiera vacunarse!- a trabajar en la fresa y luego se quedan a ganarse la vida como gorrillas …” “Hace poco saltaron para robar en casa de unos vecinos y aunque estaba la terraza llena de huellas, la policía no pudo hacer nada porque no hay registro de inmigrantes ilegales…”. “Vox está haciendo un servicio público impagable, que es poner encima de la mesa temas políticamente incorrectos que todo el mundo piensa pero nadie se atrevía a decir…”). “Vamos, Carlos, pues no te digo que conozco militantes socialistas que le van a votar!”
Pero siendo sorprendente estas afirmaciones sobre Vox, prefiero quedarme con otra cosa de las conversaciones con Susana. Vamos a ello.
La oleada de encuestas con que nos han bombardeado los medios estas últimas semanas tienen un común denominador: el porcentaje de indecisos ronda el 35%. Es como decir que de cada tres votantes, uno no sabe aún (o no confiesa) lo que va a votar. Expresado de otra manera: las estimaciones de votos y escaños, se han construido, exclusivamente, sobre las respuestas de dos tercios de los votantes… y las casas de encuestas se quedan tan panchas extrapolando esos resultados al conjunto de la ciudadanía con derecho a voto. La clave es, por tanto, qué piensan votar los integrantes de esa legión de indecisos o, dicho de ora manera: entre qué opciones están dudando votar.
Mi amiga Susana y sus compañeros socialistas “lo tenían –y lo siguen teniendo- clarísimo”. Tanto cuando se abstienen, como cuando votan. Y votan PSOE sí o sí y no a otros. Es decir, no son indecisos. Todo lo más, en la izquierda, podrá haber algunos de entre los que se pasaron hace unos años al bando podemita, que se planteen si ha llegado el momento de emprender el viaje de vuelta. Entonces ¿Quiénes son los indecisos? No hace falta tener bola de cristal para responder: votantes históricos del PP que dudan si mantenerse fieles a un partido que les ha decepcionado o pasarse a una nueva y esperanzadora opción; votantes de Ciudadanos aburridos de los continuos cambios de orientación de sus líderes; o incluso seguidores de Vox a los que les hagan mella los cantos de sirena de concentrar el voto útil. La izquierda lo tiene “clarísimo” y pocos de sus votantes engrosan el 35% de indecisos. Los de “derechas” todavía están indecisos. Votarán a uno u otro partido, pero votarán. Y votarán derecha.
Cuando ese 35% de indecisos haya resuelto sus dudas sobre qué papeleta meter en la urna y se cuenten sus votos, nos percataremos de que las encuestas no valían para nada por el “pequeño” detalle de no haber tenido en cuenta precisamente a los votantes que van a decidir el resultado electoral.
Por eso, mis queridos amigos de derechas -indecisos o no- del PP, Ciudadanos o de Vox, no tengáis duda, porque está “clarísimo”: este domingo de madrugada estaremos celebrando el triunfo de la sensatez y los principios, para que España recupere la senda de la prosperidad y la libertad.
Eso sí, id a votar todos. Lo que queráis y mejor os parezca. Con la misma pasión y convencimiento que mi amiga Susana.
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