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La derecha tiene una oportunidad histórica que no puede dilapidar

El voto de las dos formaciones que encarnan la derecha española -PP y Vox- alcanza niveles históricos, mientras a la izquierda el PSOE se mantiene a duras penas, básicamente porque ha fagocitado a todo lo que se mueve a su izquierda. Extremadura -por encima del 60 por ciento-, Aragón y Castilla y León han confirmado una tendencia que se repite, con matices, comicio tras comicio, y que es el reflejo de un estado de ánimo social sin precedentes en la democracia española. Nunca como ahora la derecha española estaba tan alta en intención de voto y nunca como ahora la izquierda ha estado tan baja. El sanchismo ha logrado engullir a todas las fuerzas que se arrogan la condición de progresistas, pero más allá de un PSOE que se agarra a los viejos lemas y mantras para salvar el tipo, lo cierto es que la derecha española está ante una oportunidad histórica de propinar al socialcomunismo una derrota en toda regla. El reflejo nacional de las elecciones autonómicas celebradas en los últimos tres meses tiene una traducción en términos de elecciones generales, con todas las reservas al tratarse de comicios diferentes. Aun así, con todos los matices, en caso de celebrarse ahora unas generales, PP y Vox lograrían una holgadísima mayoría absoluta de 205 escaños, mientras que el PSOE de Pedro Sánchez caería hasta los 112, sin margen alguno de reeditar su gobierno Frankenstein por el desplome de sus socios. Nunca una diferencia entre bloques había sido tan amplia.

Por eso resulta absolutamente necesario superar las legítimas discrepancias partidistas que han hecho imposible hasta ahora un acuerdo en Extremadura y Aragón. Y no es porque el resultado de Castilla y León otorgue nuevas razones para el acuerdo, pues siguen siendo las mismas con independencia de lo ocurrido este pasado domingo. La derecha ha arrasado y sería dilapidar las aspiraciones de una mayoría social que, desde sus posiciones favorables al PP o a Vox, ha coincidido en la necesidad de contribuir con su voto al fin del sanchismo. La sociedad española está a la altura de lo que demanda un momento políticamente grave por la acción de un presidente del Ejecutivo convertido en un peligroso autócrata. Ahora queda que PP y Vox conviertan ese clamor social en acuerdos. Por el bien de España, por supuesto, pero también por la cuenta que les tiene. No hacerlo es darle aire a Pedro Sánchez.