Roca Rey y Morante vuelven en Jerez con suerte dispar: el primero corta 4 orejas y el segundo se va de vacío
Ambos diestros reaparecían tras las graves cornadas que sufrieron en abril en la Feria de Sevilla
Roca Rey, que reaparecía tras la grave cogida sufrida el pasado 23 de abril en Sevilla, cortó cuatro orejas este viernes en una tarde en la que también regresaba a los ruedos Morante de la Puebla, herido tres días antes que el peruano también en el mismo ruedo de la Maestranza sevillana.
El propio Morante había protagonizado la jornada desde que, por la mañana, oficiara la inauguración del monumento a Rafael de Paula que ha fundido en bronce Martín Lagares. Pero quedaba la cita definitiva, delante del toro, y pendiente de su estado de forma tras superar el doloroso percance de la pasada Feria de Abril.
Antes de que saliera el primero, ya le habían tocado las clásicas palmas por bulerías. Con el capote en la mano, dispuesto a torear desde el primer encuentro, hubo dos o tres lances que resplandecieron como relámpagos pero el animal evidenció no estar sobrado de fuerzas. Morante renunció al quite y pidió el cambio.
Inició su faena con hermosos ayudados por alto. Al toro, obediente, le faltaba clase y orden en la embestida en una faena marcada por el compromiso del diestro de La Puebla que, paciente, llegó a exprimirle meritísimos naturales. Una ovación final rubricó que volvía sin mayor novedad. Aún le quedaba el cuarto, al que iba a parar con unos airosos recortes girando sobre sí mismo.
El galleo, por chicuelinas, tuvo marchosería añeja, reforzada con la evocadora larga cordobesa que terminó de dejar colocado al toro. El trasteo, que comenzó por ayudados, tuvo que medir una embestida áspera y desclasada a la que acabó dando fiesta con una ecuación de ciencia y gracia.
Castella, encastrado entre los dos gallos del corral, se iba a encontrar con un precioso burraco -el segundo- de alegre galope y que le permitió lucirse en un ceñido quite por tafalleras. La faena comenzó con estatuarios, ligados a buenos muletazos cambiados por bajo pero el toreo fundamental nunca iba a estar a la altura de la profundidad de esa embestida que también fue a menos.
Con el quinto, un toro que se movió a trompicones en el último tercio, acabó construyendo una faena firme, algo apresurada y destemplada, que iba a contar con la respuesta del público. Agarró medio espadazo y sonó un aviso mientras el toro, sangrando a chorros, se amorcillaba. El descabello final no impidió la petición de oreja que el palco acabaría concediendo, informa Efe.
Cerraba el cartel Andrés Roca Rey, que también había fijado su reaparición en Jerez, 23 días después de su grave percance de Sevilla. El diestro limeño iba a encontrar la conexión del público en un largo y trepidante quite trufado de saltilleras y lances a una mano que abrochó con un capotazo de pecho.
Roca supo mantener ese hilo en una faena extensa e intensa, iniciada de rodillas, casi dejándose coger, que supo apurar la embestida enclasada y rajadita del tercero -con aire de toro de Núñez- al que toreó sobre ambas manos con ritmo y sentido de la escena rematando con unas ceñidísimas bernardinas que preludiaron una estocada atravesada que necesitó el refrendo de un descabello que no impidió que cortara las orejas.
El peruano se iba a marchar a portagayola para saludar al sexto, al que acabó enjaretando varios lances a pies juntos. Roca mantuvo esa tensión en el quite y, casi a oscuras, iniciando su faena otra vez de hinojos. No podía ser una labor tan redonda como la anterior -tampoco lo era el toro, deslucido y loco por rajarse- y acabó pasándose de rosca de puro machacón, aunque el espadazo espoleó la concesión de otros dos trofeos, de muy distinto peso.
Ficha del festejo
Seis toros de Jandilla, bien presentados.
Resultó informal el primero; de buena condición el segundo, algo tardo al final; rajadito y con mucha clase el tercero; áspero el cuarto; se movió sin estilo el quinto y resultó manso y deslucido el sexto.
La plaza registró un lleno absoluto en tarde primaveral, fresca y ventosa.
- Morante de la Puebla, de marino y oro: ovación y palmas.
Sebastián Castella, de rosa palo y oro: palmas tras aviso y una oreja tras aviso. - Roca Rey, de marino y oro: dos orejas y dos orejas.
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