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iMessage en España: por qué la app Mensajes nunca ha desbancado a WhatsApp

  • Nacho Grosso
  • Cádiz (1973) Redactor y editor especializado en tecnología. Escribiendo profesionalmente desde 2017 para medios de difusión y blogs en español.

Llevo más de 15 años usando iPhone y, aun así, iMessage me sigue pareciendo una función más visible en la presentación de Apple que en la vida real. La razón no es misteriosa, en España WhatsApp sigue siendo la aplicación habitual para enviar mensajes para el 93,9% de los internautas y también la favorita para videollamadas, con un 68,7%. Cuando una sola app ocupa ese espacio en la rutina diaria, todo lo demás queda en segundo plano.

El problema no es la app, es la red

Aquí conviene hacer una distinción importante. La app Mensajes del iPhone no es solo iMessage, desde ahí se pueden enviar iMessage, RCS o SMS/MMS según el destinatario y la compatibilidad disponible. El servicio verdaderamente “Apple” es iMessage, que funciona entre dispositivos Apple y ofrece sus ventajas dentro de ese ecosistema. El problema es que una app de mensajería no gana por diseño, sino por masa crítica. Y esa, en España, la tiene WhatsApp desde hace años.

Por eso creo que la discusión no va tanto de si Mensajes es buena o mala, sino de si tiene alguna posibilidad real de convertirse en el sitio donde pasa la conversación importante. Y hoy la respuesta parece bastante clara, un no rotundo. Si tu familia, tu trabajo, el grupo del colegio, los amigos y hasta el técnico que viene a casa te escriben por WhatsApp, el usuario no elige de verdad. Simplemente va donde ya están todos. Esa parte no la decide Apple; la decide la costumbre social, que en mensajería pesa muchísimo más que una función nueva o un rediseño.

España no es Estados Unidos

Otra causa es puramente estructural. En España, Android mantiene alrededor del 68,9% de cuota de sistema operativo móvil, frente al 30,7% de iOS. En Estados Unidos ocurre justo lo contrario: iOS ronda el 63% y Android se mueve en torno al 36,8%. Eso cambia por completo la lógica de uso de iMessage. En un mercado donde el iPhone domina, la mensajería nativa de Apple tiene muchas más opciones de convertirse en estándar social. En un mercado mixto como el español, no.

Foto: Unsplash

Este punto es clave porque iMessage depende demasiado de que tu círculo cercano comparta hardware contigo. Y en España eso no siempre ocurre. Sí, el iPhone vende mejor que hace unos años y Apple tiene una base fuerte, pero sigue sin controlar el conjunto del mercado móvil. Mientras Android siga siendo mayoritario, la solución más cómoda para hablar con todo el mundo será una app que no pregunte qué móvil tienes antes de funcionar.

Apple llegó tarde a la conversación multiplataforma

Apple ha intentado reducir esa distancia con RCS. El iPhone puede usar RCS desde iOS 18 si el operador es compatible, lo que permite enviar fotos y vídeos de alta resolución, ver confirmaciones de lectura e indicadores de escritura. Pero Apple también aclara que RCS en iPhone depende del operador y que, a diferencia de iMessage, esos mensajes no están cifrados de extremo a extremo en su implementación actual.

Mi impresión es que ese movimiento era necesario, pero tardío. No porque RCS sea inútil, sino porque llega cuando el usuario español ya ha resuelto su vida social en otra parte. WhatsApp no ganó solo por ser multiplataforma; ganó porque llegó antes al hábito diario y porque se convirtió en el lugar donde estaban los grupos, las notas de voz, las llamadas, las fotos y la coordinación cotidiana. La CNMC lo retrata bien, su distancia respecto a cualquier rival sigue siendo enorme.

El factor invisible: en España manda la inercia

Hay además una cuestión cultural que Apple nunca ha terminado de doblar en España. Aquí no se suele elegir una app de mensajería por afinidad con la marca, sino por utilidad inmediata. Da igual que uno tenga iPhone desde hace diez años: si el grupo de vecinos está en WhatsApp, ahí acabas; si el trabajo coordina por WhatsApp, ahí sigues; si la familia comparte audios, fotos y avisos por WhatsApp, esa es la plataforma de verdad.

Dicho de otra manera, Mensajes puede ser impecable como app del sistema y iMessage puede funcionar muy bien entre usuarios de Apple, pero eso no basta para cambiar un comportamiento colectivo que ya está cerrado. La mensajería es uno de esos terrenos en los que el mejor producto no siempre gana; gana el que ya forma parte de la costumbre.

Ni Bruselas ha visto a iMessage como una pieza central en Europa

Hay un dato que, sin ser una prueba sobre España, sí ayuda a entender el contexto europeo. En 2024, la Comisión Europea cerró su investigación bajo la DMA concluyendo que iMessage no debía ser designado como servicio gatekeeper. Eso no significa que iMessage no importe, pero sí sugiere que su peso estructural en Europa no se parece al de otras plataformas con alcance mucho más transversal.

Por eso mi conclusión es bastante simple, iMessage no ha fracasado en España por falta de calidad, sino por falta de centralidad social. Apple tiene una app sólida, iMessage tiene ventajas claras dentro del ecosistema y RCS mejora la conversación con Android. Pero el español medio no vive la mensajería como un espacio “Apple”, sino como un espacio “WhatsApp”. Y mientras eso no cambie, la app Mensajes seguirá siendo en muchos iPhone una herramienta secundaria, no el centro de la comunicación diaria.