El fin de una era: la tecnología invisible que ya está jubilando las fundas de móvil en 2026 y es mucho más duradera
Los nuevos materiales moleculares y el cristal de alta resistencia permiten llevar el teléfono "al desnudo" sin miedo a las roturas
La ingeniería de materiales logra que los smartphones actuales soporten caídas de hasta dos metros sobre superficies rígidas
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Durante años, comprar un móvil nuevo ha ido unido a un gesto casi instintivo: ponerle una funda. Sin embargo, este 2026 marca un punto de inflexión. La evolución tecnológica ha llegado a un nivel en el que esconder el diseño de un terminal de alta gama bajo una capa de silicona ya no solo es estéticamente cuestionable, sino innecesario. Gracias a los avances en la estructura interna de los cristales y a la protección molecular, la era de las fundas protectoras está llegando a su fin para dar paso a la resistencia invisible.
Llevar el móvil sin funda ha sido, hasta hace muy poco, un deporte de riesgo. Un pequeño descuido o una caída desde la mesa solía terminar con la pantalla hecha añicos o el chasis abollado. Pero este escenario ha cambiado radicalmente. Los fabricantes han centrado sus esfuerzos no solo en mejorar las cámaras o la batería, sino en lo que han bautizado como «resistencia estructural de fábrica».
Ingeniería contra los golpes
El secreto de esta nueva generación de dispositivos reside en la ciencia de materiales. Tecnologías que antes nos parecían futuristas, como el intercambio iónico avanzado y el uso de nanocristales, se han estandarizado. Estos procesos permiten que el cristal no sea simplemente una capa transparente, sino un escudo capaz de absorber impactos que antes eran fatales. Hoy en día, muchos smartphones ya están diseñados para salir ilesos de caídas de hasta dos metros sobre asfalto o superficies duras.
Marcas líderes como Apple ya implementan soluciones como el conocido Ceramic Shield o las últimas versiones de Gorilla Glass, que han dejado de ser simples nombres comerciales para convertirse en seguros de vida para el dispositivo. Ya no se trata de evitar el rayón, sino de que el propio esqueleto del teléfono sea flexible y rígido al mismo tiempo donde más se necesita.