El Sistema Nacional de Salud sigue al límite: el gasto sanitario cae del 20% al 16,4% pese aumentar la inversión
Demanda que el sistema solo será sostenible si la financiación se orienta a actuaciones con mayores y mejores resultados en salud y para el paciente
El Círculo de la Sanidad ha analizado si el incremento de la financiación sanitaria se traduce realmente en un aumento de la actividad asistencial, con un impacto directo en los resultados en salud y en la calidad de la atención a los pacientes. En este sentido, el informe concluye que el crecimiento sostenido del gasto sanitario público entre 2016 y 2024, intensificado durante la pandemia, no ha sido suficiente, por sí solo, para aumentar la capacidad asistencial ni para restablecer el equilibrio entre los recursos disponibles y las crecientes necesidades de una población cada vez más envejecida y con una mayor prevalencia de enfermedades crónicas y pluripatologías.
Mientras las consultas de especialidades, la actividad diagnóstica y la concertada demuestran una elevada capacidad de transformación de financiación en mayor actividad, la Atención Primaria refleja una evolución más contenida y la actividad quirúrgica presenta el índice de recuperación más lento. El crecimiento en estos dos últimos campos, en los que apenas se ha conseguido superar los niveles de actividad de hace ocho años, está seriamente condicionado por factores limitantes, como la disponibilidad de profesionales, la organización de los procesos, la incorporación de tecnología, la capacidad instalada, la flexibilidad para absorber incrementos de demanda asistencial y el aumento de la complejidad clínica y organizativa de los pacientes.
En vista de estas conclusiones, el Círculo de la Sanidad quiere de nuevo recalcar que la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud no depende de seguir incrementando el gasto sanitario, sino de garantizar que ese esfuerzo económico se transforme en mayor capacidad asistencial, productividad y eficiencia, siendo urgente la implementación de una evaluación de resultados sobre la actividad asistencial.
«Sigue faltando financiación, pero también la precisión quirúrgica para aplicarla allí donde hace falta. Más dinero, sin reformas, ya no es una opción, y para ello necesitamos un análisis profundo y unos nuevos Presupuestos Generales del Estado, conformes a la realidad de nuestro país y a la complejidad de los pacientes de cada territorio, para que ese esfuerzo económico se transforme de forma efectiva en una mayor capacidad asistencial y resolutiva», señala Ángel Puente, presidente del Círculo de la Sanidad.
«Conocer cómo se transforman los recursos económicos en actividad efectiva puede contribuir a orientar con mayor precisión las decisiones de planificación, gestión e inversión y a identificar aquellas actuaciones con mayor capacidad para mejorar la respuesta del sistema», añade Antonio Burgueño Jerez.
Pérdida de peso en el total del gasto público
El informe relaciona además el gasto sanitario con los ingresos no financieros de las Administraciones Públicas, que son los que realmente financian la prestación de servicios públicos. Desde esta perspectiva de comparación, el peso del gasto sanitario, pese a crecer en términos absolutos, baja del 20% durante el periodo pandémico hasta el 16,4% en 2024, sobre el total. En otras palabras, se ha reducido de forma progresiva la proporción de recursos públicos destinados a financiar el consumo sanitario final.
También ha cambiado la estructura del gasto sanitario, siendo la transformación más significativa la que corresponde a los servicios prestados directamente por el Sistema Nacional de Salud, que absorben ya el 70% del total del gasto sanitario en consumo final. Los servicios sanitarios concertados y la prestación farmacéutica continúan creciendo en términos absolutos, pero rebajando respectivamente su participación relativa hasta una cuarta parte y el 15 % del gasto sanitario total.
Al mismo tiempo, han emergido nuevas áreas de consumo sanitario —como el transporte o las prestaciones ortoprotésicas— que, pese a representar proporciones reducidas del gasto total, muestran una dinámica de crecimiento muy superior a la del conjunto del sistema. Este comportamiento va parejo al envejecimiento de la población, al aumento de la cronicidad, a una mayor supervivencia de pacientes con enfermedades complejas y a la incorporación de nuevas tecnologías, dispositivos y prestaciones asistenciales.
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