OkSalud
Estímulos

La psicología dice que las personas que huyen de las masificaciones en verano no es por culpa del calor: sufren sobrecarga sensorial

La sobrecarga sensorial, las masificaciones en verano y la sensibilidad al entorno están más relacionadas de lo que parece. Aunque suele pensarse que quienes evitan playas llenas, festivales o espacios concurridos lo hacen únicamente por el calor o la incomodidad, la psicología apunta a otra explicación vinculada a la forma en que ciertas personas procesan los estímulos que las rodean.

Una investigación publicada en Nature ha profundizado en este fenómeno y ha estudiado cómo algunas personas experimentan una mayor sensibilidad frente a sonidos, imágenes, emociones y situaciones sociales.

Por qué algunas personas evitan las multitudes y los lugares concurridos

El estudio «Sensory processing sensitivity and overstimulation in daily life: an experience sampling method study» analizó la sensibilidad de procesamiento sensorial (SPS, por sus siglas en inglés), un rasgo de personalidad presente en aproximadamente el 30% de la población.

Las personas con niveles elevados de esta sensibilidad presentan umbrales sensoriales más bajos, una mayor reactividad emocional y una tendencia a procesar con más profundidad la información que reciben del entorno. Como consecuencia, pueden experimentar con mayor facilidad episodios de sobrecarga sensorial.

Los investigadores observaron durante una semana a 139 adultos sanos mediante un sistema de registros diarios realizados varias veces al día. El objetivo era identificar qué factores favorecían la aparición de esa sensación de saturación y cómo variaba a lo largo de la jornada.

Los resultados mostraron que la sobrecarga aumentaba especialmente en presencia de otras personas y cuando los participantes estaban expuestos a estímulos visuales o auditivos que percibían como desagradables. Además, el cansancio y los estados de ánimo negativos también incrementaban notablemente esa sensación.

La sobrecarga sensorial alcanza su punto máximo durante la tarde

Otro hallazgo relevante fue que los niveles de sobrecarga no permanecían estables durante el día. Según el estudio, la sensación de saturación aumentaba progresivamente desde la mañana hasta alcanzar su punto más alto entre la primera hora de la tarde y el inicio de la noche.

Los autores plantean que este patrón podría estar relacionado con la acumulación de estímulos a lo largo de la jornada. A medida que avanzan las horas, el cerebro debe gestionar más información, interacciones y demandas, lo que favorece la aparición de agotamiento mental y sensorial.

Además, las personas con una sensibilidad más elevada tendían a experimentar niveles superiores de sobrecarga cuando se encontraban fatigadas o de mal humor. También mostraban una respuesta positiva más intensa cuando estaban descansadas, tenían un estado de ánimo favorable o se encontraban rodeadas de estímulos agradables.

No se trata solo de evitar el ruido, sino de gestionar mejor los estímulos

Los investigadores concluyen que la sobrecarga sensorial no depende únicamente de la cantidad de estímulos presentes en el entorno, sino también de cómo cada persona los percibe y procesa.

El trabajo señala que las personas altamente sensibles pueden beneficiarse especialmente de estrategias que reduzcan la fatiga, favorezcan estados de ánimo positivos y mejoren la calidad de los estímulos visuales y auditivos de su entorno cotidiano.

Por ese motivo, evitar lugares masificados durante el verano no siempre responde al calor o a una cuestión de preferencias personales. En muchos casos, puede ser una forma de reducir una sobrecarga sensorial que surge cuando el cerebro recibe más información de la que puede gestionar cómodamente.