El drama de los médicos en huelga: «No puedo más, me paso noches sin dormir pensando en los pacientes»
Manuel Suárez: "Cada guardia, cada día extra, es una apuesta con la salud de alguien, la mía incluida"
Hoy, en una jornada marcada por la tensión, miles de médicos salieron a las calles por toda España — también en Madrid — para denunciar una situación que muchos describen ya como insostenible y que no se va a solucionar con una reforma laboral regresiva impuesta por la ministra de Sanidad, Mónica García. La movilización, convocada tras la puesta sobre la mesa del nuevo borrador de Estatuto Marco del personal del Sistema Nacional de Salud (SNS), ha sacado al descubierto el agotamiento de los profesionales, la saturación de guardias y la falta de recursos.
«Estamos al límite desde hace mucho», confiesa una médica que participaba en la manifestación de Barcelona, organizada por Metges en Barcelona. «Somos muy vocacionales, por eso seguimos, aunque el cansancio nos gane».
Para muchos facultativos, la realidad diaria se ha convertido en desfallecimiento: guardias interminables —de 24 horas o más— que no cotizan como deberían, consultas en cadena, pacientes a los que apenas pueden dedicar unos minutos… y la sensación de abandonar a muchos por falta de tiempo. En su caso, en Madrid, Fernando Álvarez, anestesiólogo del Ramón y Cajal, ha señalado que defienden que se mejore las condiciones de trabajo. «El estatuto marco tiene algunas mejoras desde el de 2003, pero hay muchas cosas por mejorar y nuestra responsabilidad de trabajo».
En este sentido, otros médicos admiten que se han visto obligados a renunciar y a bajas laborables: «No puedo más, me paso noches sin dormir pensando en los pacientes que dejo esperando», admite, Raúl González, del Hospital 12 de Octubre de Madrid. El paro de cuatro días (del 9 al 12 de diciembre) no busca un aumento de salario como prioridad: lo que piden es dignidad, condiciones laborales justas, reducción de sobrecarga, reconocimiento del esfuerzo y un estatuto propio. Así, Margarita Pilar, nefróloga, cree que es vital esta manifestación porque «la lucha de la sanidad, importa a todos y no perder a los médicos que nos vamos de la pública».
El testimonio más duro probablemente vino de un facultativo de atención primaria, Manuel Suárez: «Cada guardia, cada día extra, es una apuesta con la salud de alguien — la mía incluida. ¿Quién controla cuándo el médico también se quiebra?». Su voz temblaba al describir el caos: largas listas de espera, citas canceladas, pacientes desesperados, saturación en urgencias… «No somos máquinas, somos seres humanos con límites, y los pacientes lo notan cuando llegamos exhaustos».
La manifestación en Madrid arrancó frente al Congreso de los Diputados y culminó ante el Ministerio de Sanidad. Al grito de «¡Sanidad digna, sanidad pública!», los médicos demandaban que se reconozca su profesionalidad, que sus guardias cotizaran, que las jornadas fueran razonables, y que se garantice la seguridad de los pacientes.
Para muchos de estos profesionales, no hay retorno posible: si no cambia el modelo, el riesgo es alto no sólo para ellos, sino para una atención sanitaria pública que hoy se tambalea. Reclaman un futuro en el que curar no signifique quemarse, donde la vocación no sea sinónimo de explotación, y donde la salud siga siendo un derecho, no una carga.
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