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EL FOCO de María Zabay

Dra. Carmen Romero, experta en longevidad: «Cenar tarde envejece»

"Puedes tener una analítica que salga bien y no estar sano"

"Perder músculo te envejece"

Queremos vivir más, sí. Pero la gran pregunta ya no es cuántos años vamos a sumar, sino en qué estado vamos a llegar a esos años: con energía o agotados, con autonomía o dependiendo de otros, con lucidez o con demencia. Ésta fue la idea central de la conversación con la doctora Carmen Romero, autora de La edad no importa. Y la conclusión es clara: podemos hacer mucho para vivir más y con mejor calidad. Idea respaldada por un estudio realizado en Harvard por el científico T.H. Chan —publicado en Circulation— que descubrió que cinco hábitos saludables —dieta de calidad, ejercicio regular, peso saludable, no fumar y consumo moderado o nulo de alcohol— se asociaban con más de una década adicional de esperanza de vida.

Una analítica puede salir «normal» y, aun así, la persona puede no estar realmente sana. La doctora explicó que muchas personas llegan a consulta con cansancio, niebla mental, falta de motivación o sueño alterado, pero con parámetros aparentemente dentro de rango. Ahí aparece una diferencia clave: no es lo mismo «funcionar» que tener una salud óptima. La medicina de longevidad, defiende la doctora Romero, no se conforma con mirar si estamos dentro de unos valores de referencia; busca señales tempranas, patrones, biomarcadores y desequilibrios antes de que se conviertan en enfermedad.

La energía es otro gran termómetro con una pregunta sencilla: «Del 1 al 10, ¿cuánta energía tienes?». Para la doctora, cuando alguien siente «ya no soy la de antes» o «algo ha cambiado» conviene escuchar al cuerpo antes de normalizarlo todo bajo etiquetas como estrés, edad o menopausia.

Nos detenemos también en una de las claves más ignoradas de la longevidad: el músculo —un órgano con impacto metabólico, cerebral y funcional—. Tener fuerza ayuda a regular mejor la glucosa, protege frente a la fragilidad, mejora la autonomía y reduce el riesgo de caídas con los años. Caminar está bien, pero no basta: el entrenamiento de fuerza, adaptado a cada edad y condición, aparece como una de las grandes inversiones en salud futura. Y en salud de hoy. Incluso —y especialmente— si uno padece cáncer.

El sueño ocupa otro lugar central. Dormir no es perder el tiempo: es reparar. Durante la noche, el cuerpo reorganiza funciones, regula hormonas y el cerebro activa mecanismos de limpieza. Por eso, dormir mal de forma crónica es un acelerador silencioso del envejecimiento.

La cronobiología es uno de los temas más reveladores. No importa solo qué comemos; también, cuándo comemos. Según explica, cenar tarde y mucho puede alterar el metabolismo, favorecer la acumulación de grasa abdominal y romper el ritmo natural del cuerpo.

Por supuesto, también hablamos de la alimentación, el ayuno, la microbiota, los tóxicos ambientales y su relación con la salud del cerebro.

Pero hubo algo más revelador de lo que se habla mucho menos: las ideas más humanas también envejecen o sanan. No basta con comer perfecto, entrenar fuerza y dormir ocho horas si vivimos rodeados de vínculos que nos apagan. La doctora Romero lo resumió con una frase poderosa: «Las relaciones personales pueden ser medicina o veneno». La soledad, el aislamiento o las relaciones tóxicas no son sólo asuntos emocionales; también impactan en la biología.

La conclusión es esperanzadora: la genética importa, pero lo que hacemos cada día —cómo dormimos, cómo comemos, cómo nos movemos, cómo gestionamos el estrés, cómo nos relacionamos y cómo escuchamos al cuerpo— puede modificar de forma profunda nuestra trayectoria de salud. La edad importa menos que la dirección en la que estamos caminando.