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Se dispara la sorpresa en la comunidad médica por el llamado ‘efecto tomate’: esto es lo que le pasa a tu corazón si comes un tomate cada día

Aunque algunas de estas afirmaciones tienen respaldo científico, otras requieren importantes matices

El tomate contiene licopeno, vitamina C, potasio, folatos y otros compuestos bioactivos

El tomate es uno de los alimentos más presentes en la dieta mediterránea y, además de su versatilidad en la cocina, destaca por su interesante perfil nutricional. Consumido en ensaladas, gazpachos, salsas o simplemente al natural, aporta vitaminas, minerales y compuestos antioxidantes que pueden contribuir al mantenimiento de una buena salud dentro de una alimentación equilibrada. En los últimos años, las redes sociales han popularizado mensajes que aseguran que comer un tomate al día produce numerosos beneficios para el organismo. Aunque algunas de estas afirmaciones tienen respaldo científico, otras requieren importantes matices para no generar expectativas poco realistas. Es el llamado efecto tomate.

Ningún alimento por sí solo puede prevenir enfermedades ni sustituir un estilo de vida saludable. Sin embargo, la evidencia sí indica que el consumo habitual de frutas y verduras, entre ellas el tomate, se asocia con un menor riesgo de desarrollar determinadas patologías crónicas cuando forma parte de un patrón alimentario equilibrado. El tomate contiene licopeno, vitamina C, potasio, folatos y otros compuestos bioactivos que han sido objeto de numerosas investigaciones. Una dieta rica en alimentos vegetales constituye uno de los pilares para proteger la salud cardiovascular y reducir el riesgo de enfermedades no transmisibles. En este contexto, incorporar un tomate al día puede ser una decisión saludable, aunque sus efectos dependen del conjunto de los hábitos diarios.

Qué ocurre en el organismo si comes un tomate cada día: el efecto tomate

Una de las cosas que explica el Dr. Camilo Echeverri en su video de TikTok es que el tomate destaca especialmente por su contenido en licopeno, un pigmento natural responsable de su característico color rojo. Este compuesto pertenece a la familia de los carotenoides y actúa como antioxidante, ayudando a proteger las células frente al daño causado por los radicales libres.

Curiosamente, el licopeno resulta más biodisponible cuando el tomate se cocina acompañado de una pequeña cantidad de aceite de oliva, lo que facilita su absorción por el organismo.

Aunque los antioxidantes desempeñan un papel importante en la protección celular, los expertos recuerdan que sus beneficios se obtienen a través del conjunto de la alimentación y no únicamente gracias a un alimento concreto.

Beneficios para el corazón

El tomate también aporta potasio, un mineral que está en el funcionamiento normal de los músculos y del sistema nervioso. Además, contribuye al mantenimiento de una presión arterial normal cuando se consume dentro de una dieta equilibrada.

Por otra parte, su contenido en vitamina C y otros compuestos antioxidantes puede favorecer la salud de los vasos sanguíneos al reducir el estrés oxidativo. Algunas investigaciones destacan que las dietas ricas en frutas y verduras pueden asociarse con un menor riesgo cardiovascular, aunque no puede afirmarse que comer un tomate al día reduzca por sí solo el colesterol LDL o prevenga enfermedades del corazón.

Un aliado para las defensas y la visión

La vitamina C presente en el tomate participa en el funcionamiento normal del sistema inmunitario y contribuye a la formación de colágeno, necesario para la piel, los vasos sanguíneos y otros tejidos.

Asimismo, el tomate contiene vitamina A en forma de carotenoides, además de luteína y zeaxantina, sustancias que también se encuentran en la retina. Estos compuestos han despertado un gran interés científico por su posible papel en la protección de la salud ocular. No obstante, mantener una buena visión depende de numerosos factores, entre ellos la alimentación global, la edad y los hábitos de vida.

Inflamación, huesos y salud digestiva

Diversos estudios, como el publicado por los National Institutes of Health, investigan la relación entre el consumo de tomate y la reducción de determinados marcadores inflamatorios gracias a sus compuestos antioxidantes. Aunque los resultados son prometedores, todavía no puede afirmarse que este alimento sea un tratamiento para enfermedades inflamatorias como la artritis.

En cuanto a la salud ósea, el tomate aporta vitamina K y pequeñas cantidades de calcio, nutrientes que participan en el mantenimiento normal de los huesos. Además, su contenido en agua y fibra favorece el tránsito intestinal y puede contribuir a prevenir el estreñimiento cuando se acompaña de una adecuada hidratación y de una dieta rica en otros alimentos vegetales.

Puede formar parte de una dieta para controlar el azúcar

El tomate contiene pocas calorías y una cantidad reducida de azúcares naturales, por lo que resulta adecuado dentro de una alimentación destinada a controlar la glucosa en sangre. Sin embargo, no existen pruebas de que consumir un tomate diario regule por sí solo los niveles de azúcar ni sustituya las recomendaciones médicas para las personas con diabetes.

También aporta folatos, vitaminas del grupo B implicadas en múltiples funciones del organismo. Aunque estas participan en la síntesis de neurotransmisores, no puede afirmarse que comer tomate aumente directamente la serotonina o mejore el estado de ánimo de forma inmediata.

Comer un tomate cada día puede ser una forma sencilla de incrementar el consumo de verduras y aprovechar sus vitaminas, minerales y antioxidantes.