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El 80% de los problemas de corazón se pueden evitar: los médicos explican cómo salvar tu motor

El corazón humano late unas cien mil veces y bombea cerca de siete mil quinientos litros de sangre cada día… y no se toma ni un solo segundo de descanso. Sin embargo, a menudo ignoramos su desgaste progresivo hasta que da la primera señal de alarma. Saber identificarlas claramente y aprender cómo cuidar nuestro motor puede suponer la diferencia entre una vida plena y un susto irreparable.

Las enfermedades cardiovasculares siguen encabezando las estadísticas como principal causa de muerte en España y en todo el mundo occidental, por delante del cáncer. Una amenaza para nuestra salud avanza en silencio durante décadas, sin que nos demos cuenta hasta que empezamos a tener problemas.

La buena noticia es que el destino de nuestro corazón está, en gran medida, en nuestras propias manos: comprender cómo funciona, reconocer sus avisos a tiempo y adoptar hábitos saludables son las mejores herramientas para garantizar que siga latiendo con fuerza durante muchos años.

Bajo el término genérico de enfermedad cardiovascular se agrupa un conjunto amplio de trastornos que afectan tanto al corazón como a la red de vasos sanguíneos. Aunque la imagen popular suele asociar esta amenaza únicamente con el infarto, la realidad clínica es mucho más amplia. La cardiopatía isquémica o enfermedad arterial coronaria se produce cuando los vasos que suministran sangre al músculo cardíaco se estrechan por la acumulación de grasa y colesterol, manifestándose como una angina de pecho o desencadenando un infarto cuando la obstrucción es total. A ella se suman la hipertensión arterial, que obliga al corazón a trabajar a marchas forzadas, la insuficiencia cardíaca y las distintas arritmias o alteraciones del ritmo.

Aprender a interpretar las señales de alarma

Uno de los mayores peligros de la enfermedad cardiovascular reside en su capacidad para pasar desapercibida durante años. La presión arterial elevada o los primeros estadios del estrechamiento arterial no suelen doler ni avisar con estruendo. Sin embargo, cuando la patología progresa o se manifiesta de forma aguda, existen síntomas inequívocos que exigen una respuesta médica inmediata sin margen para la duda.

El Dr. Rafael Fernández de Soria, jefe del servicio de Cardiología de Quirónsalud Clideba, resume los signos principales que deben encender todas las alarmas en el paciente indicando que «los síntomas que nos deben servir de alerta para solicitar atención médica son un dolor retroesternal opresivo, dificultad para respirar y palpitaciones rápidas». A estos indicios se añaden con frecuencia la sensación de ahogo al realizar pequeños esfuerzos o al tumbarse, la hinchazón progresiva por retención de líquidos en los tobillos y las extremidades inferiores, y los episodios de mareo o pérdida brusca del conocimiento. Reconocer cualquiera de estos cuadros de forma precoz marca la diferencia entre un susto reversible y un daño permanente en el tejido del corazón.

El poder de las decisiones cotidianas

La respuesta de la comunidad médica ante la posibilidad de prevenir estas dolencias es categórica. Más del ochenta por ciento de los eventos cardiovasculares prematuros se podrían evitar si se actúa de forma decidida sobre los factores de riesgo modificables, como el tabaquismo, el sedentarismo, la mala alimentación o el estrés mantenido.

El Dr. Gonzalo Navarrete, jefe del Servicio de Cardiología de Policlínica Gipuzkoa, subraya que la hipertensión, la insuficiencia cardíaca o el ictus están íntimamente ligados al estilo de vida, y coloca la actividad física como una herramienta fundamental al afirmar que «el ejercicio físico es fundamental para prevenir enfermedades cardiovasculares, incluso independientemente del peso del paciente». El propio especialista insiste en que «la clave sigue siendo la prevención clásica: actividad física regular, mantener un peso saludable y controlar la tensión arterial, los niveles de colesterol y la diabetes».

Por su parte, la Dra. Cristina Sánchez, cirujana cardíaca de Policlínica Gipuzkoa, coincide en que no existen atajos ni fórmulas milagrosas cuando se trata de proteger la salud de las arterias, recordando que «adoptar hábitos de vida saludables es importante. Esto incluye llevar una dieta equilibrada, realizar ejercicio regularmente y evitar el tabaco».

La importancia vital de la detección precoz

A la adopción de un estilo de vida activo y saludable se le debe sumar siempre una estrategia rigurosa de revisión médica. Vigilar periódicamente la presión arterial y realizar analíticas sanguíneas para controlar los niveles de glucosa y colesterol permite corregir cualquier alteración antes de que se produzca una lesión vascular irreparable.

En esta misma línea, la Dra. Yolanda Villa, cirujana cardíaca de Policlínica Gipuzkoa, enfatiza la importancia de no esperar a sentir molestias evidentes para acudir al especialista, recordando que «realizar chequeos médicos periódicos para detectar cualquier anomalía de manera temprana es muy importante […] la prevención y la detección temprana son fundamentales para mantener un corazón saludable».

El abordaje moderno de la cardiología confirma así una verdad centenaria: el mejor tratamiento para el corazón es aquel que no llega a ser necesario.