Las trincheras del referéndum
Rajoy y Puigdemont han demostrado parecerse mucho más de lo que a ambos les gustaría: si uno se muestra inflexible, el otro lo es más; si Mariano apela a la unidad de su país, Carles contraataca con la identidad del suyo; “si tú tienes leyes, tranquilo que yo haré las mías para enmendar lo que no me conviene de las tuyas”. A los dos se les derraman palabras como democracia, ley, nación, referéndum, legalidad, urnas, patria, extremismo, sociedad o intransigencia. Puigdemont es la cabeza visible de una deriva unilateral que no tiene nada de modélica, mientras que el Gobierno de Rajoy —autor de la mutilación del Estatuto Catalán— es uno de los principales responsables del auge del independentismo en Cataluña.
Una de las pocas certezas de toda esta sinrazón es la absoluta mediocridad de la clase política que gobierna tanto la Generalitat de Cataluña como el Gobierno de España. Unos y otros se han esforzado durante estos últimos meses en hacernos comulgar con sus flojos dogmas de fe. Si usted simpatiza con el Partido Popular, no se preocupe; Montoro, Sáenz de Santamaría o Rajoy les seguirán diciendo que todo esto pasará y la nación no se va a romper, porque La Ley, La Democracia y La Constitución lo van a impedir y España seguirá siendo para los votantes del PP una, grande y libre. Y si a los catalanes no les gusta, que se aguanten. Desde el Gobierno de Madrid se seguirá negando el pan y la sal a todo el que disienta y la mierda volverá a guardarse debajo de la alfombra.
Si usted, en cambio, simpatiza con algunos de los partidos que forman Junts Pel Sí o con la CUP, puede estar igualmente tranquilo; Junqueras, Puigdemont o el mismo Antonio Baños le pueden asegurar que la consulta se va a llevar a cabo por sus huevos, amparándose en ninguna ley. Al contrario que Rajoy y los suyos, que se ocultan detrás de grandes palabras para disimular una gestión paupérrima y caciquil del problema catalán, los independentistas apelan a una forma de voluntad bastante burda: “El referéndum se va a hacer porque nos da la gana y sin contar con nadie que no seamos nosotros mismos”. Y pretenden darnos lecciones de democracia al resto. Javier Cercas lo decía de manera bastante acertada hace unos días: “La democracia no consiste únicamente en votar. Votar es una condición necesaria pero no suficiente para la democracia, y un referéndum no es en sí mismo un instrumento democrático: si lo fuera, Hitler y Franco serían demócratas”.
Puede que usted sea de esos que no apoyan a los independentistas catalanes, y al mismo tiempo le asquea la gestión que el gobierno español está haciendo con el intento de referéndum. En este caso, está usted en el limbo. Lo único que nos queda es la incertidumbre; sentarnos a ver quién gana esta absurda pelea de “gallitos demócratas”, mientras la fractura entre las sociedades catalana y española empieza a ser irreparable. No es muy alentador.
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