Torra en busca del arca perdida
Uno de los grandes problemas de ser público es creerte el personaje. En los últimos años en Cataluña hemos tenido dos situaciones parecidas. Individuos con un perfil, extremadamente limitado, como el bachiller Carles Puigdemont y el subvencionado Quim Torra han sorprendido a sus valedores y han superado sus propias limitaciones. En definitiva, se han creído el personaje. Puigdemont era un ejemplo de libro. A sus limitaciones de carácter, se le unía un currículo ruin y falso, que hizo que rápidamente fuera considerado el títere de Artur Mas.
La broma al principito de Menorca le costo no sólo casi desaparecer de la escena pública, sino ser humillado y abandonado por buena parte de aquellos que lo habían llevado en volandas unos años antes. ¿Qué es ahora de Artur Mas? Y la historia en Cataluña se repite. Quim Torra era ese tipo oscuro que había vivido de infinidad de subvenciones en una editorial de cuarta división. Era el candidato ideal a ser el títere, en este caso de Carles Puigdemont. Pues, no sabemos que tiene el cargo de president de la Generalitat, pero el actual ocupante cada vez marca más su propio paso. Si antes fue Artur Mas el abandonado, ahora parece que será Carles Puigdemont.
En definitiva, tampoco Cataluña pierde gran valor con la autodestrucción de los principales agentes del independentismo. Eso sí, debemos ver que cada vez escoramos más el ala hacia el radicalismo. Puigdemont es más radical que Artur Mas, pero, no duden, que Quim Torra es aún más radical que Puigdemont. Al PSOE, gran urdidor de estas salidas hacia adelante, siempre le queda seguir blanqueando a Oriol Junqueras. Pero, visto lo visto, una parte del independentismo no sólo no quiere volver al pasado, sino que quiere reventar el futuro.
Aquel Harrison Ford de la película buscaba el arca perdida entre el imperio nazi. Los personajes de ahora empezaron viajando a Ítaca y, ahora cada vez más, parece que su único camino es llevar al infierno a Cataluña. Cuando alguien se cree el personaje, y encima tiene gran poder como es ser presidente, deben activarse mecanismos para que su daño a la sociedad sea el más limitado posible. Si Quim Torra quiere ir en búsqueda de un arca perdida, nadie debe poner peros. Pero sí lo quiere hacer en nombre de Cataluña, como mínimo debería pasar por unas elecciones. Y los catalanes, cada vez más claro, no estamos para hostias de cuatro aprovechados.
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