¿Quién asesora a Felipe VI?
A Felipe VI le tengo un respeto infinito desde que el 3 de octubre de 2017 paró, con su magnífico discurso, el golpe de Estado separatista del 1-O. Su «no estáis solos» reconfortó a los millones de catalanes leales a la Constitución y a la Nación que veíamos cómo Carles Puigdemont y Oriol Junqueras llevaban, hasta ese momento, la iniciativa política para intentar convertirnos en extranjeros en nuestro propio país. De hecho, edité un libro (‘Los catalanes sí tenemos Rey’) para intentar desagraviar a Su Majestad tras los desplantes que algunos políticos impresentables, como Ada Colau y Pere Aragonès, le propinaron cuando venía a algún acto institucional en Cataluña, como venganza por su intervención el 3-O. Por eso, el Rey me tiene muy despistado con algunas de sus intervenciones públicas, que parecen planificadas por los enemigos de la monarquía para intentar alejarle de la amplia base social que le da —le damos— un apoyo incondicional.
Aquel «retenidos» para definir a los presos políticos venezolanos fue un error de bulto que muchos no entendimos. Ese discurso parecía escrito por Pablo Iglesias o cualquiera de sus muchos enemigos, porque ponía en la boca de quien ha de ser garante del orden constitucional un término de parte. De la parte bolivariana, por supuesto, porque blanqueaba las torturas de un régimen criminal y asesino. Intentar, diciendo «retenidos», ganarse el favor de quien te desprecia y solo quiere mandarte al exilio, es no saber con quién te estás jugando los cuartos. Pero lo de ‘reconocer’ que hubo «mucho abuso» en la conquista de América es regalar una baza demasiado importante a aquellos que odian a nuestro país. Cuando un puñado de políticos populistas hispanoamericanos juegan a azuzar el rencor hacia España para intentar tapar sus miserias internas y desviar la atención, no se puede seguirles el juego. No solo no se van a contentar con el «gesto», sino que van a usar las declaraciones del Rey para profundizar en su cruzada negrolegendaria.
Cuando en Hispanoamérica hay un movimiento importante, con figuras como Javier Milei o Marcelo Gullo, que reconocen la herencia española en el continente y se muestran orgullosos de ella, no se puede dar munición a los que denigran una conquista que, sin duda, tuvo errores, pero que en su conjunto es ampliamente positiva. Los genocidios son, sobre todo, patrimonio de los ingleses y los norteamericanos, y ahí está la historia para analizar cuál era su forma de ejercer el dominio sobre los pueblos indígenas de los territorios que conquistaban. Aunque el Rey, en sus declaraciones, introducía matices, lo que se va a tomar de ellas es la brocha gorda, y sus asesores deberían haber tenido en cuenta lo que iba a ocurrir al decir «mucho abuso». Y me temo que lo sabían, y, aun así, metieron a Felipe VI en un brete que no le conviene en absoluto.
Y lo digo con conocimiento de causa. En Cataluña, los que nos sentimos españoles estamos demasiado hartos de que el separatismo hable, a diario, del «genocidio» durante la conquista y de que el 12 de octubre «no haya nada que celebrar», con un buen número de ayuntamientos controlados por los independentistas que ese día abren sus puertas para dar a entender que la Fiesta Nacional de España no va con ellos por ser una festividad «genocida». Por eso me crujen aún más las palabras de Felipe VI, porque habrá separatistas que las usarán para justificar su odio a España. Que la odian igual, diga lo que diga el Rey, pero no hay que ponérselo tan fácil. Y es lo mismo que hará la cuadrilla de negrolegendarios que, para justificar sus ansias liberticidas, usan a España como chivo expiatorio de los males que atraviesan sus respectivos países.
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