¿Pero este Gobierno no quería acabar con la temporalidad laboral?
Cada setenta días, un alto cargo de los ministerios económicos del Gobierno -secretarios de Estado, directores generales, jefes de Gabinete, directores de Comunicación…- abandona su puesto de trabajo. Y eso sin contar con los dos expertos fiscales que han dimitido recientemente del comité creado por la ministra de Hacienda para justificar su hachazo fiscal a Madrid. Una docena larga de altos funcionarios del Ejecutivo socialcomunista con puestos clave en los Departamentos económicos han presentado, por una u otra circunstancia, su renuncia. Algunos justificaron su salida con el clásico «por motivos personales», latiguillo que se usa a menudo para enmascarar la verdad: que estaban hartos.
La relación de nombres es extensa: Ana de la Cueva, secretaria de Estado de Economía; Juan Emilio Maillo, director de Comunicación del Departamento de Nadia Calviño; Laura Blanco, su sustituta en el cargo; Carmen Balsa, jefa de Gabinete de la vicepresidenta primera; Maite Arcos, directora general de Telecomunicaciones; Inés Bardón, secretaria de Estado de Hacienda; Gonzalo García de Castro, director del Departamento de Gestión Tributaria de la Agencia Tributaria; Álvaro Abril, director de Gabinete de la ministra de Industria; Julio César Prieto, adjunto al director del Gabinete de Teresa Ribera; Daniel Fuentes, director de Información Económica de Moncloa, y Víctor Echevarría, jefe de Unidad de Políticas Macroeconómicas y Financieras de la Oficina Económica de Moncloa. Sumando a los catedráticos Ignacio Zubiri y Carlos Monasterio estaríamos ante 13 dimisiones en 24 meses. Una desbandada que pone de manifiesto que la estabilidad en el empleo en los ministerios económicos del Gobierno brilla por su ausencia.
No deja de resultar un sarcasmo que un Ejecutivo que presume de pretender acabar con la temporalidad en el mercado de trabajo sea, a tenor de las estadísticas, referente de temporalidad e inestabilidad en el empleo. Y es que la huida de altos cargos en los ministerios económicos no es, precisamente, un ejemplo. La pregunta es: ¿Por qué se va todo el mundo? Se admiten apuestas.
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