Malo para España y desastroso para el PSOE
El PSOE no volverá a ser el partido hegemónico que gobernó España durante más de 20 años mientras su estrategia política esté basada en el bandazo. Tampoco si sus postulados se alejan de principios constitucionales como la unidad territorial. Pedro Sánchez se equivoca al pedir una reforma constitucional que «reconozca las aspiraciones nacionales» de Cataluña. Equivoca tanto el concepto como el contexto. A pesar de haber tenido algún arranque de lucidez tras situarse en contra del referéndum ilegal, el secretario general se ha caracterizado por carecer de una idea clara sobre España. No obstante, descolgarse ahora con esta iniciativa parece especialmente torpe. Los golpistas ultiman los detalles del referéndum ilegal de cara al próximo 1 de octubre. Decir esto es igual que caer en su discurso-trampa, dar por hecho que existen dichas «aspiraciones» y, aún peor, situar al principal partido de la oposición en contra de la línea general del Estado en un tema muy sensible.
Aspiraciones que, por otra parte, no pertenecen a Cataluña. Son patrimonio exclusivo de un grupúsculo de radicales encabezados por Carles Puigdemont. Todos ellos movidos por intereses personales y no por el bien general de la autonomía. Tras la inagotable exhibición de senyera y folclore, sólo existe el intento de ocultar una gestión económica desastrosa. Cataluña, que desde 2012 ha recibido 58.900 millones de euros de la financiación extraordinaria a las comunidades autónomas —el doble de lo que le correspondería por población— es el territorio que menos cumple con la Ley de Estabilidad Presupuestaria. Esas «aspiraciones» de las que habla Sánchez son, además, desmentidas por los últimos barómetros de la propia Generalitat, que muestran cómo el rechazo al independentismo crece de manera incesante en la región.
Pedro Sánchez debería comprender que en política no se puede soplar y sorber la sopa al mismo tiempo. No se puede quedar bien en Barcelona y Madrid sin sufrir un lógico desgaste. Parece que la experiencia del pasado, cuando cosechó de manera consecutiva los dos peores resultados electorales en la historia del PSOE, no le ha servido de nada. El secretario general querrá acercarse al caladero de votos de los radicales ahora que su deriva independentista parece que no da para más. Sin embargo, con este tipo de declaraciones e iniciativas, lo que pudiera ganar en Cataluña lo perdería por goleada en el resto de España. Los ciudadanos quieren propuestas y no requiebros teóricos. Soluciones, no problemas. Y esperan mucho más del PSOE. De ahí que Sánchez deba mostrar un discurso más homogéneo. De otro modo, su liderazgo se diluirá entre los reinos de taifas socialistas.
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