Lo del campamento «happyflower»
Madrid, martes 29 de septiembre, ocho de la mañana. El columnista se dirigía a su apalabrada consulta médica, en las cercanías de la Puerta del Sol, no sin antes tener que atravesar toda la anchura de la plaza que es el rompeolas de todas las Españas, que se ha quedado sin sitio para acoger a las docenas de tiendas que se han incorporado durante esa noche a un espectáculo tercermundista.
Unos minutos más tarde, cuando la muchachada empieza a desperezarse, y acude a las tiendas más próximas a proveerse de cafés, agua, bollos, un joven corredor mañanero que hace «footing» urbano, al pasar cerca de los nuevos salvadores de los españoles, grita: «¡A trabajar! ¡A trabajar!».
Una joven con ademanes agresivos levanta el puño mientras se dirige al que les exige que trabajen de esta guisa: «¡Fascistas de mierda…! ¡Hijo de puta…! ¡Gilipollas…!» Lo de trabajar le ha llegado al alma.
Panorama general. El argumento de fondo (la falta de vivienda) es real, sin duda, pero no dejar de ser un «hecho objetivo» utilizado políticamente cuando precisamente el máximo responsable es un Gobierno radicalmente de izquierdas que lleva más de ocho años en el poder y ha construido menos viviendas que credibilidad tiene su particular Pedro Sánchez. Estamos ya muy mayores para que, una vez más, nos den gato por conejo. Detrás de esos ingenuos muchachos hay mucha manipulación. ¿Quién manipula? Obviamente, la extrema izquierda cuyas principales señas de identidad se exhiben claramente y sin pudor de principio a fin. Sus consignas, sus amenazas, incluso, al Gobierno, sus exigencias radicales ponen bien a las claras por dónde van los tiros. Ya comprobamos de qué iba la «neutralidad» del 15M…
Dicen, que no hay color político; sólo interés por presionar para que legislen a favor de los que no tienen vivienda… Tengo para mí que hay intereses semiocultos, pero el grito es claro el poder está en la calle. Ahí se les ve el plumero. ¿El poder está en la calle y no en las urnas? ¡Muy democrático! En la calle siempre ha dominado la extrema izquierda, o si se quiere decirlo más claramente, los comunistas irredentos.
Resulta irónico que esos jóvenes activistas, a los que no hay que demonizar en colectivo, hayan olvidado que Pedro Sánchez, Yolanda Díaz, etc llevan ocho años en el poder y les ha importado un carajo sus problemas básicos. Todo ello, sin entrar a valorar la actitud personal de esa funcionaria jubilada con ingresos suficientes para pagar lo que esa casa merece. Mucho más grave es la situación de 80.000 ceutíes a los que han violado sus derechos de forma flagrante. Los del campamento «happyflower» están siendo utilizados por el Gobierno como elemento de agitación preelectoral. Punto. Esta es la verdad. Y la verdad es siempre la verdad.
Más allá de las injusticias manifiestas que se dan en la sociedad española, a las que hay que combatir, hay otro hecho innegable: la izquierdona siempre ha tenido y tiene un problema con la libertad. Con esta demostración de fuerza en la calle, un hipotético gobierno PP/VOX ya sabe lo que le espera.
¡O témpora! ‘O mores!
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