Hermanísimo: los abusos se pagan
Finalmente, entre hondos quejíos de los adoradores de Pedro Sánchez, los jueces extremeños han dictado sentencia respecto a los abusos cometidos por el hermano del todavía presidente del Gobierno y sus conmilitones del PSOE extremeño.
No deja de resultar irónico que, mientras el abogado del «hermanísimo» (todo lo que rodea a Sánchez, incluso él mismo, se parece cada día más al franquismo en sus modos y maneras), rechaza cualquier elemento de irregularidad en los jueces que le han condenado, los más fanáticos que rodean al presidente (a la cabeza, Óscar Puente) han escogido la teoría de la conspiración y el «golpe de Estado».
En el fondo, lo que ha venido a decir la Audiencia Provincial de Badajoz es que no se puede abusar del poder en un Estado y sistema democrático por muy cercano que uno esté al primer ministro. Punto. A partir de ahí, cada uno puede anotar lo que le venga en gana, si bien el pueblo llano ya se ha hecho su propia composición de lugar respecto a lo que ocurrió en el caso de David Sánchez Azagra. Y otro tanto también sobre el manoseadísimo caso de Begoña Gómez.
El sanchismo, se mire por donde se quiera, no es otra cosa que un inmenso engranaje de poder abusivo donde todo, absolutamente todo, viene girando alrededor de una sola persona. Y en sí mismo hace ya años que se convirtió en una anomalía democrática. Hay un sentir generalizado respecto a la urgente necesidad de sacudirse democráticamente esa losa que desde hace ocho años ahoga los resquicios democráticos del sistema. El mal se ha identificado, una vez tras otra, en medio de la desesperación de una clara mayoría social que ve como el gran pacto de la Transición se lo llevaron por delante el dúo Zapatero/Sánchez.
La condena por inhabilitación al «hermanísimo» por nueve años para concertar acuerdo laboral alguno con las administraciones hubiera sido causa suficiente para poner fuera de combate al presidente Sánchez. Es lo que hubiera ocurrido en cualquier predio democrático del mundo.
Más allá de su ataque permanente a los jueces, la cúpula del sanchismo se limita a resistir atrincherada en el poder y en los cargos ante la demostración palmaria de su corrupción. Millones de ciudadanos tienen la sensación de que los mecanismos democráticos están fallando. Cuando en realidad lo que falla es el alma antidemocrática de un primer ministro consumido por la corrupción y las irregularidades, dispuesto a morir, incluso, poniendo en riesgo el propio país.
¿Hasta cuándo?
P.D. Algo parece moverse en el corazón del PSOE. El nuevo jefe del partido en Extremadura ha mandado a paseo los argumentarios de Moncloa para clavar aguijones a los jueces que han determinado las irregularidades del sanchismo.
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