Opinión

La Guardia Civil no tiene mucho que celebrar

La declaración de la Virgen del Pilar como patrona de la Guardia Civil tiene su origen en el Colegio de Guardias Jóvenes Duque de Ahumada, ubicado en Valdemoro (Madrid). El 19 de agosto de 1864 se incorporó a esta institución docente el primer capellán castrense, Miguel Moreno, quien habilitó el aula de instrucción primaria como capilla del colegio y colocó en la misma una pequeña imagen de la Virgen del Pilar. Un mes después fue declarada patrona del colegio y, años más tarde, el 18 de febrero de 1913, el Rey Alfonso XIII firmó la Real Orden que elevó el patronazgo al conjunto de la Guardia Civil.

Actualmente, hay cerca de 300 jóvenes, hijos y huérfanos de miembros de la Guardia Civil, cursando allí sus estudios. Los guardias que estamos en activo, y especialmente aquellos que tenemos responsabilidades en asociaciones profesionales, nos preguntamos: ¿En qué condiciones tendrán que trabajar los que finalmente culminen sus estudios e ingresen en el cuerpo?

A la vista de los acontecimientos que hemos vivido en los últimos años, la respuesta no es muy alentadora. Es más, este 12 de octubre los guardias civiles volvemos a celebrar nuestra fiesta sin tener mucho que festejar.

Hoy recordamos, en primer lugar, a los compañeros caídos en acto de servicio, muchos de los cuales fueron víctimas de delincuentes, pero también de la falta de medios para combatirles (baste recordar los sucesos de Barbate en 2024 y Huelva este mismo año).

Hoy volvemos a denunciar que hay 17.000 vacantes, lo cual nos obliga a cubrir un territorio cada vez mayor con menos medios humanos y materiales. De hecho, somos el cuerpo policial que más horas acumula en su jornada laboral.

Hoy mostramos nuestra perplejidad porque no seamos considerados profesión de riesgo.

Hoy clamamos contra el desmantelamiento de la Guardia Civil en Cataluña, País Vasco y Navarra.

Hoy expresamos nuestro temor a que se nos sigan eliminando competencias.

Hoy reclamamos de nuevo la equiparación salarial con las policías autonómicas.

Hoy nos acordamos también de las familias de los guardias civiles que sufren en silencio las ausencias por largas jornadas laborales, las incertidumbres por los riesgos y las expectativas de unas jubilaciones sustancialmente menores que las de otros cuerpos policiales.

Y hoy recordamos con dolor y vergüenza que nuestra cúpula está investigada por dificultar presuntamente las operaciones de la Unidad Central Operativa (UCO).

A pesar de estas calamidades, los jóvenes que finalmente se incorporen a la Benemérita formarán parte de la institución más valorada por los españoles. Al menos, así lo era mientras que el Centro de Investigaciones Sociológicas preguntaba por la Guardia Civil, algo que dejó de hacer hace un par de años.

Estos jóvenes tendrán la oportunidad de sentirse orgullosos del rigor y la perseverancia de todas las unidades, especialmente de la UCO, azote de la
corrupción y sin la cual la democracia española no sería la misma. Estos jóvenes seguirán contribuyendo a la seguridad de los ciudadanos y de sus bienes, al control de las fronteras y a la protección de la naturaleza.

Estos futuros guardias tienen ante sí la responsabilidad de luchar, junto con todos los miembros del cuerpo, para que la Guardia Civil, más allá de su existencia, tenga mucho que celebrar cada 12 de octubre.