Franquistoide Irene
Irene Montero dice de sí misma que tiene «mal genio». A tenor de sus palabras, también adolece del más mínimo respeto por la libertad de expresión que ha de primar en cualquier democracia que se precie. A la mandataria consorte de Podemos no le gustan los periodistas ni los periódicos que informan con criterio propio e independencia. Si el pasado mes de mayo pedía a las televisiones que echaran al director de OKDIARIO, Eduardo Inda, de sus tertulias por informar sobre el casoplón de más de 700.000 euros que se había comprado con Pablo Iglesias, ahora pretende que los dirigentes de Banco Santander «prohiban» las portadas que hace el diario ABC sobre inmigración. Esos tics de represión contra los medios contrarios a su criterio denotan un preocupante sesgo franquistoide en su personalidad. ¿Qué pretende, retrotraernos hasta esa época?
Su manera de actuar es más propia de un régimen dictatorial que del Estado de Derecho que desde 1978 alumbra el mayor periodo de paz y prosperidad de nuestra historia. Periodo que, por otra parte, está en el punto de mira de Podemos. No obstante, son animadversiones que suelen fluctuar aleatoriamente y que ejemplifican la incoherencia que domina todo el discurso de los populistas. También se habían declarado enemigos del Ibex 35 y ahora solicitan a una de sus principales empresas que condicione el criterio de publicación de ABC. Este último ataque contra un grupo de comunicación —en este caso Vocento— a colación del desembarco de las 629 personas a bordo del Aquarius no hace sino mostrar la verdadera pulsión represora y coercitiva de los comunistas bolivarianos.
Montero considera «xenófobo» todos aquellos que no están en consonancia con sus ideas. Para ella, no existen más alternativas ni puntos de vista válidos que el suyo. Una actitud que desprende una profunda intolerancia. Impropia de un partido que dice representar a «la gente» y que se presentó en la vida pública como «nueva política». Ni una cosa ni la otra. Montero demuestra que Podemos sólo cree en el pernicioso principio de «conmigo o contra mí». Así, poco o nada se puede construir en democracia. Además, ¿cómo pueden confiar los ciudadanos en una formación que no cree en la libertad de prensa? Podemos tiene su mentalidad teórica y práctica edificada a base de axiomas que representan lo peor del siglo pasado.
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