Y finalmente, la autodeterminación
Visto lo comprobado, si la militancia socialista y sus baronías no derriban internamente a Pedro Sánchez, tengo para mí que el tabú más tabú desde hace medio siglo en España se convertirá en realidad.
Los independentistas no mienten, falsifican la historia, sí, pero no ocultan sus intenciones. No son el problema porque en una consulta limpia y libre perderían de calle la secesión. El problema es otro. Cuentan con aliados en la línea medular del poder del Estado, salvo que les engañe, como a todos, y después de ser investido vuelva a negarse a sí mismo. El hecho incontestable es que Sánchez ha firmado, y ese aval para los rupturistas/golpistas tiene enorme valor. Todas las líneas rojas han sido holladas. Alguien dirá que lo impedirá la Unión Europea, pero se equivoca. La UE, aunque una mayoría de estados miembros rechace la pretensión secesionista exitosa –el ejemplo prendería como una tea en otros territorios de la Unión–, deja hacer a cada gobierno y no levantará un dedo si el referéndum cuenta con el visto bueno del gobierno de Madrid.
La línea roja cruzada, además de la amnistía y demás concesiones de tipo económico, es hablar siquiera de la posibilidad de una consulta para sustanciar la voladura del Estado. Si la amnistía significa, entre otras cosas, que los protagonistas de la Transición, incluidos González y Zapatero, tienen que pedir perdón a los golpistas, la autodeterminación representa la guinda a un pastel anti histórico, injusto, cobarde, anti progreso y falso. El ejemplo de Escocia, tan traído por los golpistas, no se parece en nada al problema catalán; cualquier comparación es absurda y hasta fatua.
Tengo para mí que Sánchez, en su locura narcisista y su apego al poder, no ha calibrado bien su pacto con el secesionismo catalán y ha despreciado la reacción de aquellos ciudadanos libres e iguales que quieren seguir siendo libres e iguales.
La Historia Universal está plagada de aventureros que confundieron sus deseo con la realidad. Aquí y ahora todo depende de la reacción democrática, pacífica y libre de un pueblo humillado precisamente por aquellos a los que paga generosamente. Han olvidado esos políticos que no son otra cosa que empleados que no pueden decidir sobre aquello que no es suyo.
Veremos.
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