El fin de Casado estaba escrito antes
Pablo Casado, aquel muchacho palentino que despreció en 2018 una buena oferta laboral en París a cambio de seguir su acendrada vocación política, es ya historia. Con letra pequeña.
Nunca he sido muy partidario de conjugar el hispano soneto de lanzada a moro muerto; por lo tanto, no seré yo el que se una a ese coro de cigarras que tratan de poner sobre el féretro político del todavía presidente del PP un RIP claroscuro.
Tengo claro que lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible. La suerte de Pablo Casado se empezó a fraguar en la primavera de 2021, tras la rutilante victoria de Isabel Díaz Ayuso. El centroderecha, ahíto de poder tras el desalojo abrupto de Mariano Rajoy en 2018, busca desesperadamente a alguien que le garantice echar del poder a Sánchez, un jefe de Gobierno que ha burlado impávido todos los grandes pactos constitucionales e históricos suscritos en 1978. Pronto se dieron cuenta que el joven castellano no garantizaba ese principal objetivo. Y empezó la caza.
Los escuálidos resultados electorales (esencial argumento), la agresividad electoral de Vox, los clamorosos fallos internos, precipitaron el “boca a boca” que durante meses ha venido sonando en todos los salones, cenas, almuerzos y pequeñas conspiraciones inherentes a ese “burgo podrido”, al decir de Manuel Azaña, que es Madrid. Muchos han creído (y siguen creyendo) que el episodio del supuesto o real espionaje a la presidenta de la Comunidad de Madrid ha sido la causa letal que ha dado con la dirección popular con sus huesos en el despido. Se equivocan. Podría afirmarse con una cierta justeza objetiva que ese episodio, rocambolesco, ha sido la espoleta que ha hecho saltar una situación interna sin posibilidad de retorno. El suicidio televisado no tiene muchos ejemplos comparativos en los anales de partidos democrático en el mundo libre.
Una presidenta regional apuntando al corazón del presidente de su formación. Un secretario general acusando de corrupción a su lideresa. Finalmente, el jefe nacional del PP acusando de falta de ética a uno de sus principales soportes electorales que, irónicamente, él mismo había sacado de la nada. Lo nunca visto. La sentencia de los barones fue firmada en la tarde-noche del 13F. El texto de esa sentencia fue escrito definitivamente a lo largo de los últimos ocho meses.
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