Desastre educativo: un vistazo a la televisión
El último Informe Pisa sobre la educación en España pone los pelos como escarpias acerca del futuro que aguarda a las nuevas generaciones. El fracaso tanto individual como colectivo es de tal naturaleza que, al final, este asunto capital se convierte en otro de los argumentos para entender que España se ha convertido en un Estado fallido.
Ni comprensión lectora, ni matemáticas, ni física, ni química. Mucho menos en Historia, donde la falsificación de la misma (desde los Reyes Católicos a la Transición, pasando por la Guerra Civil, causas y consecuencias) está tan generalizada en escuelas, institutos y universidades que dejan a millones de alumnos peor que cuando formalizaron sus matrículas.
No es un asunto baladí precisamente. El futuro de las naciones se asienta sobre bases sólidas de formación de las generaciones que tienen que tomar el mando de sí mismas y su porvenir. PISA viene advirtiendo machaconamente que España no va por buen camino. Pero no hay manera porque todo aquello que no pase por el esfuerzo individual, la exigencia académica y el rigor en el aprendizaje está condenado de antemano al fracaso. Ya son muchos años de molicie en las aulas; este Gobierno de izquierdas (en algunos casos de ultra izquierda) ha llegado incluso a dar becas a alumnos repetidores, alimentando de esa guisa la creencia de muchas pandas de ciudadanos de que todo es jauja. La izquierda se adueñó de la educación ya en los tiempos finales del franquismo y continúa creyendo que es un sector que les pertenece por el simple hecho de creer en Marx, Lenin y Fidel Castro.
Durante bastante años enseñé en distintas universidades en el último curso de Periodismo. Fui comprobando que cada curso llegaban peor preparados en asuntos elementales. Ni habían leído ni tenían intención de hacerlo. Y en esas estamos, mis queridos amigos. De todo esto excluyo a unas élites (muy corta élite) que tienen una vocación determinada por aprender y arrojan resultados. Muchos de ellos están haciendo grandes carreras en el mundo, especialmente los técnicos, ingenieros, físicos e investigadores clínicos.
Para comprobarlo no hay más que encender alguna de las muchas televisiones que existen hoy en este país. Conozco presentadores de grandes programas en televisiones generalistas que, por no dominar, ni dominan el castellano. Basta presentarles una palabra fuera del uso común para que capoten. Ahí están con sus tres millones de euros en bandolera. En las grandes cadenas de radio pasa lo mismo, aunque más mitigado porque solos ante un micrófono se puede dar menos el pego. Pero existen. ¿De qué nos extrañamos, por tanto, de que España esté como está? El periodismo se ha convertido en un heraldo de la política y sus dirigentes.
O nos tomamos en serio la preparación de los adolescentes y jóvenes o finalmente nos iremos todos al averno. Y ello más aún en un mundo tan globalizado donde lo único que cuenta es la preparación, el trabajo y el talento.
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