Demos hoy una lección a los golpistas que no olviden jamás
Ha llegado el momento de la verdad. El ‘día D’, como denominaron los americanos el 6 de junio de 1944, cuando comenzaron a liberar Europa de un fantasma llamado nazismo. La mayoría silenciosa debe alzar hoy la voz en Cataluña como nunca antes lo ha hecho. Para cambiar las cosas, lo mejor es hablar con el voto en la mano y en unas elecciones con plenas garantías legales. No son unos meros comicios autonómicos, sino la oportunidad de darle un futuro próspero tanto a Cataluña como a España. Juntas, en colaboración y convivencia, como ha sido durante tantos años a pesar de los constantes ataques independentistas. Una Cataluña mejor, sin adoctrinamientos ni represiones. Este jueves no se vota izquierda o derecha, se vota democracia o golpismo. La única forma de que «mañana» sea una palabra posible al otro lado del Ebro es que gane el bloque de partidos que cree en la Constitución y en la legalidad vigente.
Una coalición con Inés Arrimadas al frente y donde, a pesar de sus devaneos, también ha de estar el PSC, además del Partido Popular. Los socialistas serán fundamentales para que la representante de Ciudadanos puede ser la primera presidenta de la Generalitat. Sería inconcebible ver a los socialistas propiciando un gobierno regional con unas siglas contrarias a la Carta Marga, por ejemplo ERC. De ahí que cada voto sea más valioso que nunca. La persona que crea en la libertad y se quede en casa estará favoreciendo a los sediciosos, porque ellos irán a votar todos sin excepción con la voluntad de legitimar sus constantes ataques contra todo lo que signifique España. Ataques que han provocado que más de 3.000 empresas salgan de Cataluña y que la propia Inés Arrimadas ha sufrido en sus carnes este miércoles después de que un grupo de acémilas se le haya acercado mientras paseaba por la calle con su marido para decirle: «Cerda, fascista».
El independentismo, basado en conceptos atávicos más propios del siglo XVIII que de un mundo dinámico y global como el actual, tiene mucho de premeditada ignorancia. A los salvajes que han asaltado a Arrimadas, y que asaltan todos los días a los españoles que tratan de hacer vida normal en Cataluña, habría que recordarles que fascismo es, por ejemplo, utilizar a la policía autonómica para espiar a políticos y jueces. Fascismo es, también, multar a los comerciantes —creadores de riqueza— por no rotular sus establecimientos en catalán. Fascismo, y de la peor estofa, es adoctrinar a los niños y utilizarlos hasta el punto de reducirlos a meros objetos con fines electoralistas. Fascismo, en definitiva, es despreciar al que piensa diferente, tratar de eliminarlos civilmente, someterlo cueste lo que cueste. Ante ese contexto, los catalanes deben reaccionar sin más dilación. Acudir en masa a los colegios electorales. Demostrar a los golpistas en las urnas, y a través de las urnas, que Cataluña es España y España es Cataluña.
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