La confusión de la izquierda ante la Segunda Transición
Es visible cómo las organizaciones de izquierda están sufriendo grandes roturas internas a causa de la falta de mensajes claros sobre el asunto catalán. Es en este momento en el que, precisamente, hacen falta idearios coherentes, posturas cristalinamente claras y liderazgos valientes. Pero a la vista está que no los hay. La izquierda anda intentando encontrar su lugar en todo este galimatías. Que si ser de izquierdas requiere ser internacionalista y esto es incompatible con los nacionalismos, que si la izquierda defiende la autodeterminación, que si el independentismo de la burguesía es incompatible con la lucha obrera que ha de dejar de lado las fronteras… y por si esto fuera poco, aparecen los «socialdemócratas» con esa «responsabilidad de Estado» que pasa por encima de cualquier resolución histórica, posicionamiento o ideario. El PSOE ha dejado tan lejos la ideología en su abrazo con Rajoy que ahora no sabe por dónde estaba el camino de vuelta.
En Podemos sucede como en las demás organizaciones: lo que dicen en Cataluña no encaja con el mensaje central que desde Madrid quiere tratar de unificarse en todas las federaciones. La formación morada ha defendido durante el proceso un sinfín de opciones, y finalmente, parecían mantenerse firmes en una idea, la que suponía que no apoyaban al independentismo en su aspiración secesionista, pero sí en la vertiente soberanista. Dicho de otro modo: Podemos defiende una consulta pactada, con garantías, para conocer el sentir de la población de Cataluña y desde ahí, establecer el primer punto de partida para un nuevo proceso constituyente. Sin embargo, el secretario general de Podemos quería que este mensaje se mantuviera dándole la mano a las formaciones independentistas como son ERC, Las CUP y también poder dialogar con el PSC e ICV.
Desde Madrid no se ha sabido entender la postura propuesta por Dante Fachin, y la presión ha ido en aumento hasta que el que fuera secretario general ha presentado su dimisión —que ha sido acompañada por otros ocho—. Desde Madrid plantean una consulta a la militancia en el sentido de presentarse junto a la formación de Ada Colau. No han querido arriesgar. Y en este punto parece que la mayoría está de acuerdo, y así, de esta forma, desautorizan a Dante, que apostaba por una lista unitaria mucho más amplia.
La izquierda no se aclara, y mientras tanto, las formaciones, en lugar de plantear un amplio debate, primero en el seno de cada una, y después de manera conjunta, sobre el asunto de Cataluña —fundamental para replantear nuestro sistema político y territorial— prefiere ir depurando a los disidentes (ya sean Bescansa, Dante, o Parlon) que sienten que sobran ante tanta cerrazón y posturas templadas que finalmente terminan por no entenderse. Hasta que la izquierda no se aclare, seguiremos sin entender bien de qué se trata este momento tan delicado, el de la Segunda Transición.
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