Colgados por los pies
Ignoro si el pueblo español va a querer colgar por los pies a Pedro Sánchez. ¿Saben quienes sí que fueron colgados? Miguel Ángel Blanco y Gregorio Ordóñez. Bueno, para ser justos, en realidad no les colgaron. Simplemente, les mataron a bocajarro por fachas, que, como ustedes saben, es un eufemismo que describe a cualquiera que no comparta el dogma religioso del terrorismo comunista etarra. Estos, los que cuelgan con tiro en la nuca, parece que no merecen la alerta antifascista del Gobierno: el PSOE prefiere premiarles como socios preferentes porque, como saben, para la izquierda, el peligro de España no son los herederos de ETA, es ese señor de Amurrio que ha tenido que vivir toda su vida protegido por escoltas para que ETA no le matara.
Les decía que ignoro si el pueblo español va a querer colgar por los pies a Pedro Sánchez, pero quienes seguro quieren colgar al pueblo español son los que lo deshumanizan. Ya saben, esos que nos llaman bestias con forma humana porque creen que un señor de Vic es genéticamente superior a otro de Linares. Quizás los reconocerán porque son esos que van a ser amnistiados en pos de la convivencia, que es ese otro eufemismo que significa que da exactamente igual qué principio democrático o moral básico violar con tal de que el amado líder Sánchez beba zumo de tomate con pimienta en el Falcon. Costumbres de nuevo rico, imagino.
Santiago Abascal concedió una entrevista al diario argentino Clarín en el que hablaba de lo evidente que resulta en política nacional que vivimos gobernados por un aspirante a sátrapa. En medio de una de las respuestas, y hablando de la falta de principios del presidente, usó la expresión que ha generado la polémica de la semana. Yo entiendo que en este mundo de posverdad en el que vivimos resulte más entretenido indignarse por las metáforas que por los hechos, pero por una cuestión de dignidad personal es desconcertante que muchos de los que deberían remar en el bando del fin del sanchismo se presten a hacerles el juego fácil. Y no estoy hablando precisamente de Abascal.
Cualquiera que sepa mínimamente español (en realidad probablemente éste es el tema clave, que no saben) entiende que la expresión es un juego retórico que, si quieren, descontextualizado puede resultar desafortunado; pero que, en cualquier caso, ni haciendo la peor de las interpretaciones posibles es un llamamiento a la violencia. Entre otras muchas cuestiones, porque aquí los violentos son los que mataban, los que apaleaban policías el 1 de octubre y los que queman contenedores en las manifestaciones. Es decir, la izquierda.
El PSOE juega a lo que mejor sabe, que es enfangar. Pero el fango sólo es efectivo cuando la derecha asume su marco como propio y acepta salir del asfalto para entrar en el barro a que les aplasten y les humillen. No es necesario decir que la expresión de Abascal es idónea, ni compartir el ideario de Vox en absoluto, pero, desde luego, sí que es esencial que nadie entienda que porque 15 ministros del PSOE pongan un tuit es necesario reaccionar ante nada, y menos ante un juego retórico cuando en el mundo de los hechos los que se rasgan falsamente las vestiduras son los mismos que cometen el autogolpe.
Si aceptamos el doble estándar moral de la izquierda, estamos muertos. Porque enfrente nuestra no hay un grupo de intelectuales progresistas enfrascados en un debate sofístico sobre el futuro de este país como nación de naciones socialmente justa, hay una banda que se alía con delincuentes confesos cuyo único fin explícito es la destrucción de España como nación con el único objetivo de pisar moqueta.
En nuestro lado tenemos que saber que somos moralmente superiores y ello conlleva una responsabilidad, por supuesto, y no podemos comportarnos como ellos. Pero hay un universo de diferencia entre la buena educación y la subyugación al PSOE con el único objetivo de que Ángels Barceló no nos haga un editorial crítico como si su halago no fuera a ser más un problema que una bendición.
Miren a Argentina, miren a Italia y dentro de poco vuelvan a mirar a EEUU. Contra la izquierda se pierde en la adulación. A la izquierda se la gana en el combate. Y antes de que digan nada, no me refiero a la guerra. Que aquí, visto lo visto, hay que aclararlo todo.
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