Aquellos años luminosos de la Transición
Las generaciones que vivieron aquellos extraordinarios años conocidos como la Transición y estén atentas a los que ocurre ahora podrán diferenciar con nitidez la extraordinaria fecundidad de aquella, sobre todo, si se compara con el erial que han dejado los ensoñadores de la nada. Zapatero empezó a fabricar el detritus y Sánchez lo ha culminado.
El académico e historiador extremeño Feliciano Correa acaba de publicar su libro La Transición Política, un manual imprescindible para los futuros historiadores y también para los españoles vivos de la actual hora que incluye la particular historia extremeña de la que fue protagonista.
Este intelectual extremeño de enorme finura y honradez estuvo vinculado a UCD en los albores de la Transición, si bien nunca quiso ser político. Su interés iba más por la cultura. Ahora, no sin cierta melancolía, Correa aboga por recuperar la «concordia perdida» y exhibe con orgullo haber pertenecido a una generación de españoles que lograron aquel milagro tras la Guerra Civil y los posteriores cuarenta años de franquismo. La Transición supo desde su mismo comienzo que no se podía separar la inteligencia de la gestión pública, retomando el sesgo de aquellos ilustres pensadores de la II República como Ramón Pérez de Ayala, Azaña, Marañón, Ortega o Unamuno.
Se refiere Feliciano Correa a la gente que asesoraba al Rey Juan Carlos («el grupo del príncipe»), subrayando el rol jugado por Torcuato Fernández Miranda, una mente previlegiada.
Se refiere al Partido Socialista de la actualidad como «devaluado». Sólo hay que escuchar a Felipe González, Alfonso Guerra o Redondo Terreros para percatarse de que aquel socialista integrador y patriota ha desparecido. La izquierda española actual ha dimitido de ese partido. Pedro Sánchez ha heredado la deriva de Zapatero y así España en la actualidad vive uno de los momentos más críticos de su historia. Reivindica las figuras del Rey Juan Carlos I, de Fernández Miranda y del presidente Adolfo Suárez, figuras históricas que lo seguirán siendo in eternum.
Aquellos años también fueron años de plomo y resulta irónico que hoy ETA mande en España. Había esperanza, ilusión. Un libro habla de aquello y de hoy.
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