Algo ha fallado
Los atentados de Barcelona y Cambrils dejan varias lecturas tan evidentes como inquietantes. La primera, su forma de concebirlos. Nada que ver con los patrones habituales de los ataques yihadistas más recientes en Europa. Casi todas las acciones terroristas en el continente en los últimos años han sido protagonizadas por ‘lobos solitarios’, prácticamente imposibles de controlar por las fuerzas policiales por su forma de actuar: escasa preparación previa del ataque, lo que dificulta la detección al no existir movimientos sospechosos. Pero no ha sido el caso de Las Ramblas ni de Cambrils. Aquí había un grupo organizado, que sólo optó por una forma de actuar tan sencilla como mortal después de que se frustrasen sus planes iniciales por una explosión fortuita en el chalé de Alcanar (Tarragona) donde guardaban un arsenal de explosivos.
España es líder europeo en la lucha antiterrorista en baremos de eficacia. La labor de los cuerpos policiales está avalada por las más de 700 detenciones registradas desde la matanza del 11-M. Una labor que a buen seguro ha evitado otros ataques. Un trabajo ímprobo que se ha traducido en 13 años largos sin que el terrorismo yihadista haya golpeado en nuestro país. CNI, Policía Nacional y Guardia Civil han actuado con una eficacia fuera de toda duda. Igual que los Mossos en Cataluña. Hasta ahora. Pero, ¿dónde estaban, sobre todo el CNI y los Mossos, que son los que tienen las competencias en Cataluña, mientras una célula compuesta por al menos 12 personas preparaba minuciosamente un atentado descomunal en Barcelona? La conclusión es obvia: algo ha fallado.
La respuesta de los Mossos tras el ataque es elogiable, pero se podría cuestionar su labor de prevención. Fueron alertados por los servicios de Inteligencia españoles del riesgo de un atentado este verano, y la realidad demuestra que los protocolos para detectarlo e impedirlo han sido inútiles. Quizá haya que preguntarse también si es adecuado el modelo policial actual, que impide a Policía y Guardia Civil, cuerpos muy curtidos en la lucha antiterrorista, plasmar su experiencia y conocimientos en Cataluña y el País Vasco.
Es evidente que acumular más de 100 bombonas en una vivienda requiere diversos movimientos, tanto físicos como de gestión. Lo mismo que adquirir materiales para fabricar explosivos. Y había un grupo numeroso implicado en la preparación. Todo ello en un reducido núcleo de población donde cualquier acción es más perceptible. Pues nada. Los yihadistas se movieron a sus anchas, sin sentir la presión policial, y fueron almacenando material para protagonizar un ataque gigantesco que sólo evitó la providencia en forma de accidente, lo que les obligó a optar por el atropello masivo de viandantes. Algo ha fallado.
Lo último en Editoriales
-
La RFEF rinde en Majadahonda el homenaje a Ceuta que impidió Marlaska
-
Maricarmen y sus muñecos
-
Hasta nuestros soldados en Ceuta se defienden con botes de gas pimienta
-
Mes y medio después, no hay un solo inmigrante expulsado por entrada ilegal
-
Manga ancha a los «nietos del exilio»; trabas a los judíos sefardíes
Últimas noticias
-
El testaferro de Juan Carlos I compró el hotel Villa Magna por 210 millones tras estallar la trama suiza
-
Ayuso impactada al entrar en el plató de ‘Horizonte’: «¡Es impresionante!»
-
Jorge Jesús se defiende de las críticas por la huida de Cristiano: «Sé que no hice nada»
-
El Gobierno de Page reconoce a Vox que no hace pruebas a los inmigrantes para detectar falsos menas
-
Woody Allen se marca un «yo he venido a hablar de mi película» al ser preguntado por los acampados en Sol: «No soy un cineasta político»