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La proeza de José Manuel Soto en la final de ‘Supervivientes 2026’ tras el aviso de Jorge Javier: «Abre la puerta, no está Pedro Sánchez»

Una gesta del cantante al que condenaron a "la muerte personal y profesional": el radical no era él

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José Manuel Soto y Maica en la final de 'Supervivientes'. (Telecinco)
Paula M. Gonzálvez

La de veces que ha leído y escuchado José Manuel Soto cómo le llamaban facha hacía impensable creer que saldría de la final de Supervivientes 2026 (Telecinco) por la puerta grande, aun siendo el primero de los eliminados de la última gala de esta edición frente a la ganadora, Maica Benedicto. El cantante, víctima del odio alimentado por la polarización, ha cerrado su paso por el reality llevándose consigo, incluso, la simpatía de Jorge Javier Vázquez. Ahí es nada.

José Manuel Soto lleva más de 40 años cantando temas como Déjate querer, pero en los últimos tiempos no ha recibido demasiado amor. Más bien, jarabe de palo. Expresar sus discrepancias con la política de Pedro Sánchez le ha valido el calor desprendido por muchos fanáticos: no porque lo hayan arropado, sino por los incendios que han avivado contra el artista.

Bien podía seguir entonando soy español (…) mensajero de un canto de amor, que el feedback recibido no era ni de lejos igual de cariñoso. Sobre todo después de tomarse «unas copitas con unos amigos» y ponerse «chisponcete», lo que le costó muy caro. «Me puse a mirar Twitter y vi, como siempre, gente que me llamaba fascista, nazi, racista, homófobo, xenófobo, subvencionado, etc.», explicó en 2024. Todos halagos sesudos. Ningún cliché.

«Cometí el error de calentarme y contraatacar, y lo hice de una manera soez e inapropiada, sin pensar que aquello fuera a tener ninguna repercusión. Dejé por escrito unas palabritas feas sobre Pedro Sánchez y ‘los que están de acuerdo con que España esté en manos de sus peores enemigos», declaró. Para cuando pidió perdón, ya estaba condenado a «la muerte profesional y personal»: le cancelaron conciertos, le nombraron persona non grata «en todas las instituciones gobernadas por la izquierda», y Antonio de la Torre o Juanma Moreno fueron de las pocas personas que lo apoyaron.

«Si hubiera sido un okupa o un corrupto, ya estaría indultado, pero sólo soy un modesto cantante que un día se calentó y dejó por escrito lo que muchos piensan, pero no dicen», sentenció José Manuel Soto.

Curiosamente, el formato de televisión que sirve para embarrar a muchos ha sido el recurso con el que José Manuel Soto ha limpiado su imagen: un reality. Una proeza del cantante, el primero en demostrar de manera incontestable que el programa no es telebasura. No se ha llevado los 200.000 euros de Supervivientes, pero sí la redención tras cargar con todas las etiquetas posibles que vienen en el paquete con la fachosfera. Con el peso de todas ellas llegó a Honduras, tras fichar por el concurso de Telecinco, donde debutó escuchando las primeras pullas de Jorge Javier Vázquez.

En Supervivientes siempre se reúnen concursantes de perfiles capaces de adaptarse a un entorno salvaje en los Cayos Cochinos. Fauna y flora. Pero ninguna especie ha pronunciado una mala palabra sobre el artista, que ha convivido con compañeros durante 100 días en condiciones similares a la de tribus indómitas. Al revés. Resulta que el supuesto facha no era el radical. José Manuel Soto ha hecho alarde de su serenidad. Calma aun estando en un reboot de La isla de las tentaciones. Bendita paciencia.

Tras un concurso en el que confesó que el motivo por el que decidió participar era que se le conociera «de verdad», puede darse por satisfecho. «Soy víctima de mis propios excesos verbales y, por culpa de eso, porque alguna vez he metido la pata en las redes sociales, ha habido mucho público mío que me ha dado la espalda», lamentó. Pero hasta Jorge Javier Vázquez se ha rendido ante un concursante que, si bien no se ha ganado el apoyo de la audiencia para ganar, tampoco ha despertado ningún rechazo, y sí mucha aceptación.

A su entrada en Mediaset, Jorge Javier avisó al cantante de que le estaban esperando con los brazos abiertos: «Abre la puerta, hay alguien detrás, no es Pedro Sánchez». No, no era el socialista, era su familia. El presentador ha tenido que reconocer que lo que ha visto de José Manuel Soto -Soto, a secas, para los espectadores de Supervivientes- no ha tenido nada que ver con el ruido del hate. Soto ya puede volver a sus rumbas y sus sevillanas tras superar la cancelación.