Opinión

El «agitprop» ya ha empezado

  • Graciano Palomo
  • Periodista y escritor con más de 40 años de experiencia. Especializado en la Transición y el centro derecha español. Fui jefe de Información Política en la agencia EFE. Escribo sobre política nacional

Si los decretos sobre vivienda, redactados por algún bebido, venían a poner punto y final a más de veinte siglos de Derecho Romano (el domus es algo tan sagrado como la propia vida), la derrota parlamentaria viene a hacer justicia a una legislatura fake cobijada bajo el falso axioma de «gobierno social progresista».

Desde el punto de vista político esa derrota tras el corte de mangas de los secesionistas catalanes es la imagen crepuscular de un durísimo fin de ciclo. Si quedaba alguna duda respecto a que Pedro Sánchez ya era desde hace mucho tiempo un cadáver político, la gota ha rebasado el vaso.

La pregunta siguiente resulta obvia: a partir de ahora, ¿qué? Pues desde el punto de vista de la izquierda (toda la izquierda) liderada (toda) por Sánchez, emprende un camino de no retorno buscando la confrontación directa en la sociedad española. Agitación y propaganda en estado puro.

Un Parlamento rodeado, una minoría comunista tomando las calles en la que todavía es la cuarta potencia europea, poniéndose por montera todas las legislaciones democráticas. Con el trampantojo de la vivienda cuando durante ocho años les ha importado una higa. Con esa derrota se abre un periodo de más inestabilidad institucional todavía de la que el pueblo español venía sufriendo bajo el emperador Sánchez. 

Todo ello adobado por una orgía de mentiras, medias verdades y falsedades a gogó, amén de una manipulación mediática digna de mejor causa. Ya se ha iniciado la campaña electoral. La izquierda radical y comunista va a por todas, entre otras cosas porque dejar el statu quo mamandúrrico del que todavía disfrutan es algo que les saca de quicio. Está por ver la reacción de la sociedad civil, siempre marginada por la extrema izquierda, y, fundamentalmente, los partidos de la oposición y, en primer lugar, el Partido Popular. Si esa mayoría social que no es de izquierda y sí sensata se arruga, el camino quedaría expedito para que la democracia sea un recuerdo.

Y si el que se arruga es el PP, todavía peor. El Gobierno y sus coaligados llevan tiempo burlándose de las leyes; a partir de ahora sabremos si también está determinado a reírse de todo el pueblo español y por todo el tiempo.

Ya no hay ninguna vuelta atrás.