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NATURALEZA Y OCIO EN LA CAPITAL

La fiebre de los tulipanes inunda de color el Real Jardín Botánico

Hubo un tiempo, allá por el siglo XVII, en el que un solo bulbo de tulipán podía costar lo mismo que una mansión señorial frente a los canales de Ámsterdam. Aquella «tulipomanía», que llevó a los Países Bajos al borde del colapso financiero y a la cumbre del prestigio social, parece haber resucitado en pleno corazón de Madrid, aunque esta vez en una vertiente mucho más democrática y visual. El Real Jardín Botánico (RJB-CSIC) ha dado el pistoletazo de salida a uno de sus espectáculos más esperados: la floración masiva de sus tulipanes, una explosión cromática que atrae cada año a miles de visitantes ávidos de la fotografía perfecta.

El fenómeno, tan espectacular como breve, apenas dura unos veintiún días. Es un ciclo de vida acelerado que obliga a los amantes de la naturaleza a no postergar su visita. Tras el letargo invernal, la Terraza de los Cuadros se ha transformado en una pradera vibrante donde el diseño paisajístico y la botánica se dan la mano. Las cifras avalan el interés que despierta esta cita anual: solo en un fin de semana reciente, más de 3.300 personas cruzaron las puertas de la Plaza de Murillo para ser testigos de este despliegue de liliáceas.

Un legado otomano en suelo madrileño

Aunque solemos asociar esta flor de manera indisoluble a los paisajes holandeses, su origen real se encuentra en el antiguo Imperio Otomano. En la actual Turquía, los tulipanes eran considerados flores sagradas que adornaban las ricas vestiduras de los sultanes mucho antes de que el primer bulbo llegara a Europa en 1559. Hoy, el Jardín Botánico recupera esa esencia señorial plantando variedades que parecen sacadas de un catálogo de arte.

Entre los pasillos de la Terraza de los Cuadros y el Jardín de Invierno, los nombres de las variedades suenan a una colección de alta costura: ‘Barcelona’, ‘Ballerina’, ‘Strong Gold’ o la aterciopelada ‘National Velvet’. Cada una de ellas posee un matiz distinto, desde los blancos puros de la ‘Royal Virgin’ hasta los tonos anaranjados y violetas que se mezclan en las plantaciones consecutivas. El equipo de la Unidad de Jardín y Arbolado del centro comenzó los trabajos de preparación el pasado mes de diciembre, enterrando miles de bulbos que ahora, con la llegada del sol de abril, reclaman su protagonismo.

Fotogenia y «selfis» en la era digital

Si en el siglo XVII el valor del tulipán se medía en florines, hoy se mide en píxeles y repercusión en redes sociales. El RJB-CSIC reconoce que el tulipán se ha convertido, sin rival posible, en la especie más fotogénica de sus instalaciones. Es habitual ver a los visitantes pertrechados con cámaras réflex, tabletas o teléfonos móviles de última generación buscando el ángulo exacto donde la luz del atardecer atraviesa los pétalos lanceolados de estas plantas.

Por apenas cuatro euros —el precio de la entrada general—, el público puede acceder a una experiencia que los expertos califican de «hipnótica». La disposición de los macetones que flanquean el Pabellón Villanueva y las hileras de la plantación principal invitan a un paseo pausado que, este año, coincide con el esplendor de la Semana Santa. Los técnicos del jardín aseguran que la floración alcanzará su cenit en los próximos días, convirtiendo estos paseos en una cita ineludible antes de que la parte aérea de la planta desaparezca y el bulbo regrese a su sueño subterráneo hasta el próximo año.

Educación y divulgación: Doce meses, doce historias

Pero el Jardín Botánico no es solo un escenario para el ocio visual; es una institución científica que busca divulgar la importancia del patrimonio vegetal. Dentro de su programa «Doce meses, doce historias», el mes de abril está dedicado íntegramente al tulipán. Todos los domingos del mes, a las 12:00 horas, se organizan visitas guiadas que profundizan en la historia de estas plantas, su morfología y las curiosidades que rodean a una familia botánica que comparte lazo sanguíneo con elementos tan cotidianos como el ajo o la cebolla.

Además, el recorrido primaveral de tulipanes ofrece recompensas adicionales. Aunque los tulipanes son los reyes absolutos de la temporada, no están solos. El paisaje se ve salpicado por el azul de los nazarenos, la elegancia de los narcisos y la fragancia penetrante de los jacintos, que completan una sinfonía sensorial difícil de igualar en otro punto de la península. Para aquellos que deseen profundizar en los secretos de la «tulipomanía» madrileña, se recomienda la inscripción previa en las visitas guiadas a través de su plataforma digital, garantizando así una plaza en este viaje por la historia de la flor que cautivó a reyes y mercaderes.

Te dejamos otro plan como LIBROMAD, descúbrelo aquí.