Robotaxis o robo-sharing. La movilidad del futuro será híbrida, verde y eficiente
"En el caso de la movilidad autónoma, la pregunta ya no es qué es técnicamente posible, sino qué modelos son realmente viables desde el punto de vista operativo, regulatorio, económico y social"
"La implantación masiva de robotaxis completamente autónomos continúa siendo más lenta de lo que muchos pronosticaban"
"Las ciudades del futuro probablemente no necesitarán más vehículos. Necesitarán vehículos mejor utilizados"
Durante años, la conversación sobre movilidad autónoma ha estado dominada por una imagen muy concreta: vehículos sin conductor recorriendo las ciudades mientras los pasajeros se limitan a disfrutar del trayecto. Los robotaxis se han convertido en uno de los símbolos más reconocibles de esta transformación y, sin duda, representan uno de los desarrollos tecnológicos más esperados.
Pero, aunque la tecnología ya está disponible, ¿están las ciudades preparadas para adoptarla? Quizá un modelo híbrido sea la respuesta para lograr una adopción gradual y, sobre todo, eficiente.
La conducción autónoma ha avanzado de forma extraordinaria en la última década. Los sistemas de percepción, inteligencia artificial y toma de decisiones han alcanzado niveles de sofisticación que hace pocos años parecían inalcanzables. Sin embargo, cuando una innovación tecnológica comienza a acercarse a su fase de adopción masiva, suele ocurrir algo interesante: la realidad se impone sobre la narrativa.
Y en el caso de la movilidad autónoma, la pregunta ya no es qué es técnicamente posible —porque ya hay modelos probados en el entorno de la investigación y la empresa—, sino qué modelos son realmente viables desde el punto de vista operativo, regulatorio, económico y social.
Porque las pruebas en circuitos cerrados son (relativamente) sencillas, pero las ciudades son entornos complejos: la infraestructura no siempre está preparada, los marcos regulatorios evolucionan despacio, las responsabilidades legales siguen siendo objeto de debate y la aceptación social aún está en construcción. Todo ello explica por qué, pese a los avances, la implantación masiva de robotaxis completamente autónomos continúa siendo más lenta de lo que muchos pronosticaban.
Quizá por eso merece la pena ampliar el foco y tener en cuenta otros modelos, tal vez menos espectaculares desde el punto de vista mediático, pero potencialmente más transformadores desde la perspectiva de la eficiencia urbana. Uno de ellos es el denominado robo-sharing, un enfoque híbrido que combina la movilidad compartida con determinadas funciones de conducción autónoma. A diferencia del robotaxi puro, aquí el objetivo no es eliminar completamente la figura del conductor, sino utilizar la autonomía allí donde genera mayor valor operativo.
Un modelo híbrido autónomo-conductor humano
Buena parte de los problemas que limitan actualmente la rentabilidad y la eficiencia de los servicios de movilidad compartida no se producen durante el trayecto, sino antes y después de él. Los operadores deben redistribuir vehículos constantemente para equilibrar la oferta y la demanda.
Muchos coches permanecen estacionados durante horas en zonas con poca actividad. Los usuarios deben caminar para encontrarlos. Toda esta gestión logística consume recursos y reduce la utilización efectiva de las flotas. En otras palabras, el verdadero cuello de botella no está en la conducción, sino en la operación.
La idea de este modelo híbrido, sin embargo, evita estos problemas. Aquí, el vehículo se desplaza de forma autónoma hasta el usuario cuando este lo solicita y, una vez finalizado el trayecto, puede reposicionarse automáticamente hacia otro punto de demanda o regresar a una base de carga y mantenimiento. Durante el desplazamiento principal, sin embargo, es el propio usuario quien conduce. Y esto, que puede parecer una diferencia menor, tiene unas profundas implicaciones de rentabilidad y operativa.
Porque si un vehículo es capaz de acudir al encuentro del usuario y reorganizarse posteriormente sin intervención humana, se eliminan los tiempos muertos, aumenta la utilización de cada vehículo, disminuyen los costes asociados a la redistribución y se mejora la disponibilidad del servicio. Desde una perspectiva empresarial, esto es absolutamente fundamental, porque garantiza que el modelo económico es sostenible.
En este sentido, ya comienzan a surgir iniciativas que exploran estas nuevas aplicaciones de la autonomía más allá del robotaxi convencional. Entre ellas se encuentran algunos proyectos piloto desarrollados en colaboración entre centros de investigación y empresas tecnológicas, orientados precisamente a validar modelos híbridos de robo-sharing en entornos urbanos reales.
Un ejemplo es el proyecto que hemos puesto en marcha junto al Politecnico di Milano a través de la plataforma B2-Ride, basado en una integración experimental de movilidad compartida autónoma que permite analizar cómo los vehículos pueden reposicionarse de forma inteligente para mejorar la eficiencia operativa. La cuestión está ahora en llevar estas soluciones a las calles.
Rentabilidad para potenciar la innovación
La historia de la innovación está llena de tecnologías brillantes que nunca lograron consolidarse porque no encontraron una estructura de costes capaz de soportarlas. La movilidad autónoma o híbrida no será una excepción. La verdadera prueba no consiste únicamente en demostrar que un vehículo puede circular sin conductor, sino en comprobar que todo el ecosistema puede operar de forma segura, rentable y escalable.
Esta dimensión económica adquiere una relevancia particular en Europa. Y es que las ciudades europeas presentan una realidad singular. Son más densas, cuentan con centros históricos complejos, disponen de normativas más exigentes y mantienen una sensibilidad especial hacia la sostenibilidad, el espacio público y la integración con el transporte colectivo.
En este contexto, la oportunidad puede no residir en replicar exactamente los modelos de robotaxi desarrollados en otros mercados como Estados Unidos o China, sino en construir una aproximación propia. Una movilidad autónoma gradual, regulada y estrechamente vinculada a los sistemas de movilidad compartida y al transporte público.
La sostenibilidad como piedra angular de las ciudades del futuro
Las ciudades del futuro probablemente no necesitarán más vehículos. Necesitarán vehículos mejor utilizados. Necesitarán modelos capaces de reducir la fricción para los usuarios, optimizar los recursos disponibles y ofrecer alternativas competitivas a la propiedad privada del automóvil.
Por eso, aunque muchas veces hablamos de sensores, algoritmos y niveles de automatización, parece que estamos dejando en segundo plano la pregunta fundamental: ¿qué tipo de movilidad queremos construir para nuestras ciudades?
Está claro que la autonomía, por sí sola, no resolverá los problemas de congestión, emisiones o uso ineficiente del espacio urbano. De hecho, mal implementada, podría incluso agravarlos. Un vehículo autónomo que circula vacío durante largos periodos sigue ocupando espacio y generando tráfico. Por eso, el verdadero desafío no consiste simplemente en automatizar los vehículos, sino en utilizar esa automatización para mejorar la eficiencia global del sistema.
Quizá la movilidad autónoma acabe transformando nuestras ciudades. Pero es posible que lo haga de una manera mucho menos futurista de lo que imaginamos. No sustituyendo de golpe al conductor, sino eliminando progresivamente las ineficiencias que hoy limitan la movilidad urbana.
Y, precisamente por eso, puede que su impacto termine siendo aún mayor.
Antonella Comes, directora de marketing de Auriga y directora ejecutiva de Pikyrent
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