El impacto ambiental de la guerra de Irán: lluvia negra en Teherán y superpetroleros en riesgo en Ormuz
Los incendios en refinerías de Teherán exponen a sus 9 millones de habitantes a una nube tóxica
Superpetroleros atrapados en Ormuz transportan 16.000 millones de litros de crudo
Más de 450 plantas de desalinización abastecen de agua potable a cerca de 100 millones de personas en el Golfo
El impacto ambiental de la guerra en Irán se extiende ya por tierra, mar y aire: lluvia negra sobre Teherán, una mancha de crudo frente a las costas de Sri Lanka y más de 68 superpetroleros (VLCC) atrapados en el estrecho de Ormuz con capacidad para derramar 16.000 millones de litros de petróleo.
La Organización Mundial de la Salud (OMS), el Observatorio de Conflictos y Medioambiente (CEOBS) y Greenpeace Internacional han advertido de que los daños pueden ser «duraderos» y extenderse a zonas alejadas del frente.
Refinerías afectadas
Los ataques israelíes del 7 y 8 de marzo contra unas 30 instalaciones petrolíferas distribuidas por todo Irán tuvieron como epicentro la capital. Cuatro refinerías golpeadas en el área metropolitana de Teherán desencadenaron incendios que cubrieron la ciudad de una nube tóxica.
Los nueve millones de habitantes amanecieron con lo que los expertos denominaron «lluvia negra»: una mezcla de hollín, compuestos orgánicos volátiles y metales traza que precipitó sobre calles, tejados y cultivos.
Lluvia negra
El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, alertó en la red social X de que la situación supone «un grave peligro para la salud, especialmente para los niños, las personas mayores y las personas con enfermedades previas».
El CEOBS subraya que la geometría de Teherán agrava el problema: la ciudad se asienta en una cuenca semicerrada al pie del macizo del Elburz, donde los picos alcanzan entre 2.000 y 4.000 metros.
En esta época del año, la capa límite atmosférica suele alcanzar durante el día solo entre uno y 1,5 kilómetros de altura, por debajo de las cumbres montañosas. Eso forma una inversión térmica que actúa como una tapa y atrapa los contaminantes cerca del suelo. La capital iraní ya presentaba, antes del conflicto, niveles de partículas finas en suspensión (PM2,5) hasta 4,5 veces superiores a los umbrales de la OMS.
Suelo y agua
Los contaminantes de los incendios se acumularán en carreteras, suelos y cultivos, fuente de exposición secundaria cuando el viento origine tormentas de polvo. Hay informes de derrames desde los depósitos de Shahran que llegaron a los desagües pluviales de Teherán y provocaron una explosión. El CEOBS advierte de que los productos petrolíferos seguirán la pendiente norte-sur de la ciudad, contaminando masas de agua y acuíferos poco profundos.
El impacto ambiental de la guerra de Irán tampoco se limita a su territorio. Los expertos señalan que el humo de los incendios puede llegar hasta Siberia, y que las partículas de carbono negro depositadas en glaciares pueden acelerar su fusión, tal y como ocurrió con los pozos kuwaitíes en llamas en 1991. Esas partículas pueden además interactuar con las nubes, alterando su estructura y vida útil.
Doce países afectados
El CEOBS ha identificado más de 300 incidentes con relevancia medioambiental en doce países: Irán, Irak, Israel, Kuwait, Jordania, Chipre, Baréin, Catar, los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Omán y Azerbaiyán. Entre los más graves figuran los ataques a la refinería de Ras Tanurah, en Arabia Saudí, el 2 de marzo, y al puerto de Fujairah, en los Emiratos, el 3 de marzo.
Ambos incidentes generaron columnas de humo visibles desde satélite con dióxido de azufre, monóxido de carbono y compuestos orgánicos aromáticos potencialmente cancerígenos. El bloqueo electrónico en el Golfo ha perturbado la comunicación y navegación de los buques. Al menos 12 barcos mercantes han sido alcanzados en puertos o aguas del golfo Pérsico desde el inicio del conflicto.
Bomba de relojería en Ormuz
El mayor riesgo de impacto ambiental que genera la guerra de Irán en el mar lo representa el bloqueo del estrecho de Ormuz. Según los datos ofrecidos el pasado 10 de marzo, Greenpeace Internacional contabiliza más de 68 petroleros cargados varados en la zona que, según sus estimaciones, transportan en conjunto más de 16.000 millones de litros de petróleo, el equivalente aproximado al consumo de crudo de España durante tres meses.
Para evaluar las consecuencias de un posible derrame, Greenpeace utilizó el software del Instituto Meteorológico Noruego. Las simulaciones parten de un vertido hipotético de 50.000 toneladas por incidente, basadas en las posiciones reales de cinco petroleros y en datos meteorológicos históricos y actuales.
Ecosistemas únicos
El estrecho de Ormuz y las aguas adyacentes del golfo Pérsico albergan arrecifes de coral, manglares y praderas marinas que proporcionan hábitat a numerosas especies. Es la única conexión marítima entre el golfo Pérsico y el mar Arábigo, fundamental para el intercambio de agua, nutrientes y rutas migratorias de mamíferos marinos. Estos ecosistemas ya sufren presiones severas incluso en tiempos de paz.
Un petrolero iraní fue torpedeado frente a las costas de Sri Lanka y generó una mancha de crudo de 20 kilómetros de longitud que amenaza zonas de especial protección. Las autoridades esrilanquesas han iniciado labores de limpieza y muestreo. El impacto ambiental de la guerra de Irán se hace así sentir a miles de kilómetros del frente.
Nuclear y agua potable
La planta de enriquecimiento nuclear de Natanz fue atacada el 2 de marzo. El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) confirmó daños en los edificios de entrada. No se esperaba liberación radiactiva inmediata, pero los expertos advierten de que el alcance completo del daño no puede evaluarse con rigor mientras el conflicto continúa.
Además, unas de 450 plantas de desalinización abastecen de agua potable a cerca de 100 millones de personas en el Golfo. El 7 de marzo, Irán acusó a Estados Unidos de atacar una instalación en la isla de Qeshm, afectando el suministro de 30 aldeas. Además, al día siguiente, Baréin acusó a Irán de dañar otra planta con drones.
El impacto ambiental acumulado de la guerra en Irán dibuja un escenario de degradación que los expertos califican de potencialmente irreversible en algunas zonas.
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