Recuperación de suelos

Maltratamos el mayor termostato del planeta: restaurar el suelo enfriaría la Tierra el triple que el CO₂

El 52% de las tierras agrícolas mundiales ya están degradadas y pierden capacidad de enfriamiento

Cada 1% más de materia orgánica retiene 250.000 litros de agua por hectárea en el suelo

  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

La esponja de carbono del suelo es el sistema de enfriamiento climático más poderoso del planeta. Así lo concluye un nuevo informe de Save Soil, que advierte de que la degradación de los suelos ha desactivado el principal mecanismo natural de regulación térmica de la Tierra y propone su restauración como una estrategia climática urgente.

El estudio señala que recuperar la materia orgánica del suelo podría generar un efecto de enfriamiento de hasta 3,0 W/m², tres veces superior al desequilibrio energético de 0,9 W/m² que impulsa el calentamiento global actual. La esponja de carbono del suelo y la evapotranspiración, combinadas, representan la vía climática más infrautilizada del planeta.

El agua regula el 95% del clima

Mientras el debate global gira en torno al CO₂, el informe subraya que el agua gobierna el 95% de la regulación térmica de la Tierra. A través de la evapotranspiración, los suelos sanos absorben el calor solar y lo devuelven a la atmósfera en forma de vapor, actuando como un gigantesco sistema de climatización natural.

La esponja de carbono del suelo hace posible este proceso. Compuesta de partículas minerales, materia orgánica y una red de poros, esta estructura almacena el agua de lluvia, la distribuye a las raíces y sostiene la evapotranspiración de forma continua. En un suelo sano, un solo metro cúbico puede contener hasta 25.000 kilómetros de hifas fúngicas.

Fuente: Save Soil

250.000 litros por hectárea

Cada punto porcentual de aumento en la materia orgánica del suelo permite retener 250.000 litros adicionales de agua por hectárea. Ese agua sostiene la vegetación, que impulsa la evapotranspiración y exporta aproximadamente 80 W/m² de energía solar de vuelta a la atmósfera, el mayor regulador térmico del planeta.

Cuando los suelos se degradan, este ciclo se interrumpe. Sin agua disponible, la energía solar se convierte en calor sensible que eleva directamente la temperatura del aire. Según el informe, la pérdida de cobertura vegetal y la compactación del suelo pueden incrementar la temperatura superficial local hasta 4 °C, con independencia del efecto de los gases de efecto invernadero.

El sistema de climatización, desactivado

El 52% de las tierras agrícolas mundiales ya están degradadas. En Europa, entre el 60% y el 70% de los suelos se clasifican como poco saludables, lo que intensifica las olas de calor y reduce las precipitaciones regionales. En Estados Unidos, casi un tercio de los suelos sufre erosión a una tasa hasta diez veces superior a la de su formación natural.

Los daños globales relacionados con la sequía superan los 307.000 millones de dólares anuales. Un reciente informe de la ONU sobre la «quiebra hídrica global» destaca que estas pérdidas se deben más a la falta de humedad en el suelo que a la escasez de lluvia. En los últimos 50 años, el mundo ha perdido 410 millones de hectáreas de humedales naturales, una superficie mayor que la Unión Europea.

El barbecho que destruye el suelo

En España, el barbecho de labranza ilustra el problema: el arado profundo voltea y expone la tierra al sol, destruye la red microbiana interna y elimina la capacidad del suelo para retener agua. Lo que antaño era un descanso regenerativo se convirtió con la mecanización en un proceso de degradación sistemática de suelos degradados.

La agricultura industrial convencional, basada en laboreo excesivo y fertilizantes sintéticos con largos periodos de suelo desnudo, ha reducido hasta en un 50% el carbono orgánico original en muchas regiones de Estados Unidos. En la Unión Europea, la agricultura es responsable de más del 60% de las presiones de degradación del suelo.

Bosques y ciclos hídricos

Los ecosistemas forestales, que cubren el 30% de la superficie terrestre, amplifican el efecto refrigerador de la esponja de carbono del suelo. En regiones como la Amazonia, la vegetación transpira diariamente la humedad que alimenta las tormentas que devuelven el agua al suelo, creando un «pequeño ciclo del agua» de enorme potencia climática.

Cuando estos ecosistemas se degradan, el ciclo colapsa. En 2024, los trópicos perdieron 6,7 millones de hectáreas de selva primaria, el mayor registro en dos décadas. La deforestación no solo libera carbono: destruye la infraestructura hídrica que enfría el planeta.

Nueve medidas urgentes

El informe formula nueve recomendaciones. La primera es priorizar la regeneración de la esponja de carbono del suelo en todos los tipos de terreno mediante agricultura regenerativa, labranza reducida y agroforestería. La segunda, proteger y ampliar la cubierta vegetal para maximizar la evapotranspiración.

El resto de propuestas incluye mantener los suelos cubiertos durante todo el año con cubiertas vegetales y mulching, restaurar la formación de nubes y los ciclos de lluvia regionales, e integrar la regeneración del suelo en las políticas climáticas junto a la reducción de emisiones. El objetivo: recuperar los 3 W/m² de capacidad de enfriamiento natural perdida e impedir la quiebra hídrica global.