Emisiones en España

España se sitúa como 5º emisor de la UE: sus gases de efecto invernadero triplican el objetivo para 2030

España reduce sólo un 12,8% sus emisiones de gases de efecto invernadero frente al 40% de la UE

El transporte, los sectores difusos y la brecha con Europa marcan el diagnóstico climático español

  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

Mientras la Unión Europea celebra haber reducido sus emisiones de gases de efecto invernadero un 40% desde 1990, España ofrece una foto fija muy distinta: según el mismo inventario oficial de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) publicado el pasado 17 de abril, las emisiones de gases de efecto invernadero de España apenas han descendido un 12,8% en ese mismo periodo.

La brecha con la media comunitaria no es una anomalía puntual: es estructural y parece que se agranda con cada año que pasa a pesar de los esfuerzos y de la voluntad del Gobierno español.

Según el inventario oficial, España es el quinto mayor emisor de la Unión Europea con 215,8 millones de toneladas de CO₂ equivalente emitidas en 2024,, por detrás de economías como Alemania, Francia, Polonia e Italia, representando el 7,7% del total de GEI del bloque. Un peso que no guardaría proporción con su población si el país hubiera seguido la senda de descarbonización del resto.

Una trayectoria al revés

El problema de fondo no es sólo el presente, sino la historia. Las emisiones de gases de efecto invernadero de España no cayeron durante las décadas de los noventa y los dos mil, sino que se dispararon. El país alcanzó su máximo histórico en 2005 con 389,2 millones de toneladas, un 57% más que en 1990, impulsado por el boom de la construcción, el transporte y el consumo energético. La mayor parte de la reducción posterior llegó de la mano de la crisis económica de 2008, no de políticas climáticas.

Para hacer la comparación más elocuente: Alemania ha recortado sus emisiones un 45,1% desde 1990; Italia, un 41%; Francia, un 37,4%; incluso Polonia —país carbonero por excelencia— ha reducido un 27%. España, con un 12,8%, queda por detrás de todos ellos.

El objetivo 2030 y la distancia real

La Ley de Cambio Climático y Transición Energética de 2021, impulsada por el Gobierno de Pedro Sánchez, fija para España un objetivo mínimo nacional de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero del 23% respecto a 1990 para el año 2030. El problema es que ese umbral mínimo ya está muy lejos del objetivo europeo: la UE ha asumido para 2030 una reducción de al menos el 55% de emisiones netas respecto a 1990.

Y los datos del inventario nacional del MITECO —publicado en enero de 2026 con cifras definitivas de 2024— revelan que las emisiones brutas españolas se sitúan actualmente un 5,9% por debajo de 1990, no un 23%. Según un análisis de Funcas publicado la semana pasada, España necesitaría reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero un 43% adicional para ajustarse al objetivo europeo del 55%, y los investigadores advierten de que «el ritmo actual de reducción de emisiones no es suficiente».

Lo que dice el Gobierno

La vicepresidenta primera y ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, presentó en diciembre de 2024 el inventario nacional correspondiente a 2023 con un tono optimista: destacó una reducción del 7,6% en las emisiones de 2023 respecto al año anterior, y señaló que la cifra suponía la más baja de toda la serie histórica desde 1990, con una caída del 5,8% respecto a 1990 y del 38,1% respecto a 2005.

Aagesen aprovechó el acto para anunciar la actualización de la Estrategia de Descarbonización a Largo Plazo (ELP 2050) y subrayó que la penetración renovable en el mix eléctrico «se va a acercar al 56%» en 2024. El enlace al documento original de esta estrategia ya no está disponible en la web de MITECO.

El inventario definitivo de 2024, publicado por el MITECO en enero de 2026, confirma parte de ese optimismo en el sector eléctrico: la generación renovable alcanzó el 56,8% del mix nacional, con récord histórico de producción, gracias al impulso de la hidráulica y la solar fotovoltaica. Las emisiones del sector eléctrico cayeron un 14,6% en un solo año.

El transporte, el gran problema sin resolver

Pero el cuadro se ensombrece en cuanto se mira al sector que más contamina en España. Según el inventario del MITECO, el transporte acumula el 33,7% del total de emisiones de gases de efecto invernadero nacionales en 2024, el mayor peso de todos los sectores. Tras él se sitúan las actividades industriales (17,9%) y el sector agropecuario (12,4%).

Los investigadores Jesús Rodríguez, Gustavo Marrero y Andrés Lorente identifican al sector del transporte como «un importante escollo en el logro de los objetivos climáticos» y señalan que, a pesar de la reducción de la intensidad energética, la intensidad del carbono «se ha mantenido plana en las tres décadas analizadas».

El otro problema: los sectores difusos

El inventario nacional de 2026 revela además una señal de alarma en los llamados sectores difusos —transporte, agricultura, edificios y residuos, que no están cubiertos por el mercado de derechos de emisión (ETS)—: sus emisiones aumentaron un 0,9% en 2024 respecto a 2023, mientras las emisiones de los sectores ETS (industria regulada) sí cayeron un 5,2%. Los sectores difusos representan el 70% de las emisiones totales de España.

El Reglamento europeo de reparto de esfuerzos establece para España un objetivo de reducción del 37,7% en los sectores difusos respecto a 2005 para 2030. El dato de 2024 los sitúa un 25,8% por debajo de 2005, lo que implica que queda aún un 12% de recorrido necesario en menos de seis años —y con la tendencia reciente apuntando al alza.

La huella de una economía que creció al revés

El contraste con la media europea es revelador desde una perspectiva estructural. La UE desvinculó crecimiento económico y emisiones hace décadas: entre 1990 y 2024, el PIB europeo creció más de un 70% mientras las emisiones caían un 40%.

España protagonizó el fenómeno contrario durante los años del boom: sus emisiones de gases de efecto invernadero crecieron al mismo ritmo que su economía, y cuando la economía cayó, cayeron también las emisiones —pero por las razones equivocadas.

La aceleración reciente —con caídas del 7,6% en 2023 y del 0,8% en 2024 en emisiones brutas— apunta a una mejora real en el sector eléctrico. Pero el diagnóstico del inventario europeo es claro: España necesita multiplicar el ritmo de su descarbonización si quiere que su contribución a los objetivos climáticos de la UE deje de ser la asignatura pendiente del bloque.