Espinosa de los Monteros: «La falta de agua potable es la mayor pobreza material que existe. Es esencial para la vida»
"El agua cambia la vida de una comunidad, es el punto de partida de casi todo"
La entrevista con Antonio Espinosa de los Monteros, cofundador de Auara, llega en un momento simbólico: el Día Mundial del Agua y el décimo aniversario de una empresa que ha hecho del agua potable su razón de ser. Diez años demostrando que el negocio puede ser una herramienta de transformación social real.
Una década de propósitos
Aura nació de un viaje a Etiopía, donde Espinosa de los Monteros vio de primera mano lo que significa vivir sin acceso a agua limpia: niños y mujeres caminando horas para recoger agua contaminada.
De aquella imagen surgió un modelo tan sencillo como ambicioso: por cada litro consumido, Auara genera nueve litros de agua potable en países en vías de desarrollo.
Del riesgo al récord
Desde 2016, la empresa ha impulsado más de 260 proyectos en 28 países, mejorando la vida de más de 168.000 personas. En 2025 alcanzó su récord histórico: 220.000 euros destinados a proyectos sociales. Detrás de esa cifra hay una pandemia que les arrebató el 90% de sus ventas, huracanes, guerras y socios locales que trabajan en condiciones extremas.
En esta entrevista, hoy Día Mundial del Agua, Espinosa de los Monteros habla de resiliencia, de propósito integrado en el negocio y de por qué, en Auara, crecer sólo tiene un significado: llevar agua limpia a quienes más la necesitan.
OKGREEN: Este 22 de marzo es el Día Mundial del Agua. ¿Qué significa esta fecha para alguien que lleva diez años convirtiendo el agua en un acto de solidaridad?
ANTONIO ESPINOSA DE LOS MONTEROS: Para nosotros es un día de reflexión, pero también de responsabilidad. El Día Mundial del Agua nos recuerda que algo tan cotidiano para muchos como abrir un grifo sigue siendo un privilegio para millones de personas en el mundo. En Auara llevamos diez años trabajando para cambiar esa realidad, convirtiendo un gesto diario como beber agua en una herramienta para generar impacto social.
Desde 2016 hemos impulsado más de 260 proyectos de acceso a agua potable, saneamiento y agricultura en 28 países, lo que ha permitido que más de 168.000 personas mejoren sus condiciones de vida gracias al acceso a agua limpia
Para nosotros esta fecha es una oportunidad para recordar por qué empezamos: demostrar que la empresa puede ser una herramienta para resolver problemas reales y que el propósito, cuando se integra en el modelo de negocio, puede traducirse en impacto positivo para miles de personas.
P.: ¿Sigue siendo el acceso al agua potable el gran problema invisible para el mundo desarrollado?
R.: Sí. En los países desarrollados el acceso al agua está tan normalizado que a menudo olvidamos que para millones de personas sigue siendo un recurso escaso. Hablamos de comunidades donde las familias tienen que caminar kilómetros para conseguir agua o donde el agua disponible está contaminada y provoca enfermedades y mortalidad evitables.
Esa distancia entre realidades hace que muchas veces el problema sea invisible para quienes no lo viven directamente. Sin embargo, cuando conoces de cerca estas comunidades, entiendes que el acceso al agua es el punto de partida para todo lo demás: salud, educación, igualdad y desarrollo económico.
P.: ¿Por qué el agua? ¿Qué visteis en Etiopía que os hizo decir «esto es lo que tenemos que hacer»?
R.: La idea de Auara nace precisamente de un viaje a Etiopía. Allí tuve la oportunidad de visitar varias comunidades y ver de primera mano lo que significa vivir sin acceso a agua potable. Recuerdo especialmente la imagen de niños y mujeres caminando durante horas cada día para recoger agua de fuentes que, en muchos casos, estaban contaminadas. Aquello no solo afectaba a su salud, sino también a su educación y a sus oportunidades de futuro.
Fue en ese momento cuando entendí algo muy sencillo pero muy poderoso: el agua es el punto de partida de casi todo. Cuando una comunidad tiene acceso a agua potable, mejora la salud, disminuyen las enfermedades, los niños pueden ir a la escuela y las mujeres dejan de dedicar gran parte de su tiempo a buscar agua. El impacto es inmediato y transversal.
P.: Hace diez años esto era, en vuestras propias palabras, «una locura». ¿Hubo alguien que os dijera claramente que no funcionaría?
R.: Sí, muchas veces. Cuando empezamos, mucha gente nos decía que era imposible construir una marca de gran consumo con un modelo 100% social, que destina todos sus recursos a proyectos de acceso a agua potable. Nos preguntaban cómo íbamos a competir en un sector tan complejo como el del agua embotellada o si los consumidores realmente tendrían en cuenta el impacto social a la hora de elegir un producto.
Y en cierto modo tenían razón en que era una apuesta muy arriesgada. Éramos un equipo pequeño, sin experiencia previa en esta industria y con una idea que rompía con la lógica tradicional de empresa. Pero también teníamos algo muy claro: si queríamos demostrar que la empresa puede ser una herramienta para generar impacto social real, teníamos que intentarlo.
Con el tiempo hemos visto que aquella “locura” tenía sentido. Y, hoy podemos decir que, diez años después, Auara ha impulsado cientos de proyectos de acceso a agua potable y saneamiento en distintos países, y miles de personas tienen acceso a agua limpia gracias a este modelo.
P.: ¿Cuál ha sido el momento más duro de estos diez años para ti personalmente?
R.: Sin duda la pandemia de COVID en 2020. El cierre de la hostelería, las oficinas y los viajes nos hizo perder de golpe el 90% de nuestras ventas, y tardamos más de un año en recuperarlas. Es un milagro que no muriésemos. Solo fue posible con un nivel de esfuerzo y sacrificio enorme de todo el equipo.
P.: Y sobre el terreno, en los países donde actuáis, ¿cuál ha sido el momento más crítico en la implantación de un proyecto?
R.: Son demasiados, es difícil elegir uno. Hemos lidiado con huracanes, volcanes en erupción, epidemias de cólera, ataques de guerrillas a algún socio, inestabilidad política, guerras… ése es el mundo en el que trabajamos y en el que trabajan nuestros socios locales, que son héroes. Es el mundo real. A veces olvidamos lo privilegiados que somos donde vivimos.
P.: ¿Cuál es la mayor recompensa que has vivido ligada a Auara? ¿Hay una imagen, una cara, un momento que no se te olvida?
R.: Hay muchos también. Pero hay una imagen, captada por nuestra colaboradora, la fotógrafa Ana Encabo, que me viene mucho a la cabeza.
P.: ¿Qué es más difícil: convencer a un bar para que compre tu agua o convencer a un inversor para que entre en una empresa social que no reparte beneficios?
R.: Probablemente convencer a un inversor al principio. Cuando explicábamos que Auara iba a destinar el 100 % de los beneficios a proyectos sociales, muchos pensaban que era incompatible con construir una empresa viable.
Sin embargo, con el tiempo hemos visto que cada vez más personas e instituciones entienden que el impacto también puede ser una forma de retorno. Hay inversores que buscan contribuir a resolver problemas reales y apoyar proyectos con propósito a largo plazo.
En el caso de los bares o los puntos de venta, la conversación suele ser diferente. Cuando entienden que elegir Auara significa que cada botella contribuye a llevar agua potable a comunidades vulnerables, muchas veces se convierten en aliados naturales del proyecto
P.: En 2022 os integrasteis en la Corporación Hijos de Rivera. ¿Cómo se gestiona mantener el alma social dentro de una gran corporación?
R.: La entrada en Hijos de Rivera no cambió el ADN de Auara, sino que permitió escalar su impacto, manteniendo intacto su modelo de empresa 100% social y su independencia en cuanto a propósito. PEro no sé si sería viable mantener el alma del proyecto con otro tipo de socio. En Hijos de Rivera hemos dado con un presidente, unos directivos y una empresa que comprende, valora y potencia cosas fuera de lo estándar.
P.: Habéis cerrado 2025 con un récord de 220.000 euros destinados a proyectos sociales. ¿Es suficiente o es todavía una cifra que os frustra?
R.: Es una cifra que nos alegra mucho porque refleja que el modelo funciona y que cada vez más personas están apoyando el proyecto. Pero al mismo tiempo sería difícil decir que es suficiente cuando sabes que todavía hay más de dos mil millones de personas en el mundo sin acceso seguro a agua potable.
Cuando visitas las comunidades y ves la realidad sobre el terreno entiendes que queda muchísimo por hacer. Por eso nuestro objetivo no es solo crecer como empresa, sino hacerlo para escalar el impacto
P.: ¿Qué hay que hacer para despertar conciencias? ¿Por qué al primer mundo le cuesta tanto ser más solidario?
R.: Creo que muchas veces no es una cuestión de falta de solidaridad, sino de distancia. Cuando algo no forma parte de tu realidad cotidiana, es difícil dimensionarlo. En países como el nuestro abrir el grifo es un gesto automático, y por eso cuesta imaginar lo que significa no tener agua potable cerca de casa.
Por eso es tan importante acercar estas historias y mostrar el impacto real. Cuando las personas entienden que el acceso al agua cambia radicalmente la vida de una comunidad —que reduce enfermedades, mejora la educación o empodera a las mujeres— la percepción cambia.
P.: Vuestra nueva etiqueta lleva el mensaje «Be the change». ¿Puede una botella de agua cambiar algo de verdad?
R.: Sí, puede. En Auara tenemos un modelo muy sencillo: por cada litro de agua Auara que se consume, generamos 9 litros de agua potable en países en vías de desarrollo. Eso significa que un gesto tan cotidiano como beber agua puede contribuir directamente a financiar infraestructuras que llevan agua limpia a comunidades que hoy no la tienen.
P.: Diez años, 168.000 personas en 28 países con acceso a agua limpia. ¿Cómo ves Auara dentro de otros diez años?
R.: Me gustaría que dentro de diez años Auara siga siendo exactamente lo que es hoy en esencia: una empresa creada para generar impacto social real. Pero también espero que sea mucho más grande, porque en nuestro caso crecer significa algo muy claro: llevar agua potable a muchas más personas.
Nuestro objetivo es seguir ampliando el alcance del modelo, impulsando más proyectos y llegando a más comunidades. Si conseguimos que más personas, empresas y establecimientos se sumen, podremos multiplicar el impacto. Al final, el crecimiento empresarial para nosotros solo tiene sentido si se traduce en más infraestructuras, más acceso a agua limpia y más oportunidades para las comunidades vulnerables.
P.: También eres cofundador de LIUX, el vehículo eléctrico sostenible. ¿Hay alguna conexión real entre ese proyecto de movilidad y Auara, más allá de que los dos llevan tu firma?
R.: Son los dos proyectos basados en el propósito. Sin sus propósitos de impacto ninguno de los dos proyectos tendría sentido.
P.: Agua y movilidad sostenible: dos sectores con enormes problemas medioambientales pendientes. ¿Cuál te preocupa más de cara al futuro?
R.: Ambos son grandes desafíos, pero el agua tiene algo diferencial: la falta de agua potable es la mayor pobreza material que existe. Es esencial para la vida. Sin acceso a agua potable no hay salud, educación ni desarrollo.
Además, el cambio climático está agravando la escasez hídrica en muchas regiones del mundo, lo que hace que este problema sea cada vez más urgente. Garantizar el acceso al agua de forma segura y equitativa será uno de los grandes retos globales de las próximas décadas.
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