Abono local

Del inodoro a las cosechas: 178.000 toneladas de lodo gratuito abonan los campos de Madrid

El 42% de los residuos depurados por Canal de Isabel II se transformó en abono orgánico gratuito

Nitrógeno, fósforo y potasio del alcantarillado enriquecen los cereales de secano de la región

Biofactorías urbanas: las aguas residuales se convierten en el nuevo tesoro inagotable de Madrid

  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

Lo que cada mañana desaparece por el desagüe de millones de hogares madrileños no siempre acaba su viaje en el olvido. Buena parte de ese residuo regresa al campo transformado en alimento para el trigo y la cebada de la región.

Durante 2025, Canal de Isabel II entregó a los agricultores más de 178.000 toneladas de lodo para abonar unas 8.000 hectáreas de cultivos, tanto en la región como en provincias limítrofes de Castilla-La Mancha.

La cifra equivale al 42% de todos los residuos generados por las depuradoras de la empresa pública, que, una vez estabilizados y deshidratados, se aplicaron directamente sobre los suelos agrícolas para cubrir sus necesidades nutricionales.

Un abono de proximidad

Los lodos de depuración se comportan como un abono orgánico natural. Aportan nitrógeno, fósforo y potasio, tres nutrientes esenciales que enriquecen el terreno y favorecen las buenas cosechas.

La enmienda se destina sobre todo a los campos de cereales de secano, como el trigo o la cebada, a razón de unas 25 toneladas por hectárea. Un reparto que sigue planes de abonado diseñados finca a finca.

El servicio que presta Canal de Isabel II a través de gestores especializados es gratuito e integral. La empresa analiza las características del lodo y de cada terreno antes de trazar su plan específico de abonado.

Planta de lodos de Loeches. (Foto: Comunidad de Madrid).

Del camión al arado

El producto llega a las fincas en camiones bañera. Después, un remolque esparcidor lo distribuye por la tierra según la dosificación establecida y, finalmente, un arado lo mezcla de forma homogénea con el suelo.

El uso de esta enmienda orgánica de proximidad reduce el impacto ambiental y la huella de carbono de la agricultura regional. Además, ahorra costes a los propios agricultores.

Sobre todo, minimiza la dependencia de los fertilizantes químicos, en cuya fabricación se emplean combustibles fósiles como el gas natural o el petróleo. Un factor nada menor en el contexto internacional actual.

Un escudo ante la crisis de Ormuz

Ese ahorro cobra especial valor desde que la crisis del Estrecho de Ormuz disparó el precio mundial de la urea y el amoníaco, encareciendo los abonos que necesita la agricultura europea.

Frente a esa tensión de los mercados, contar con fuentes propias de fertilización se ha convertido en una ventaja para blindar los cultivos madrileños. Los lodos son sólo una de esas alternativas locales.

La Comunidad de Madrid también produce abono orgánico de alta calidad en la planta piloto de agrocompostaje de El Encín, en Alcalá de Henares, gestionada por el IMIDRA.

v+Almacenamiento de lodos de aguas urbanas residuales. (Foto: Comunidad de Madrid).

155 depuradoras, 400.000 toneladas

El destino agrícola es sólo una parte del aprovechamiento. Las 155 depuradoras de aguas residuales de la Comunidad de Madrid generan cada año más de 400.000 toneladas de lodos con múltiples salidas.

En 2025, al margen de las 178.911 toneladas aplicadas directamente sobre superficies agrícolas, otras 189.547 se sometieron a secado térmico. Ese tratamiento permitió generar 41.395 toneladas de grano seco para su uso en cultivos.

A partir de la mezcla de lodos y residuos vegetales, Canal produjo además compost, muy apreciado en jardinería y agricultura. El año pasado obtuvo 8.601 toneladas a partir de 52.287 de fango.

Depuradoras convertidas en biofactorías

Otras 8.552 toneladas de lodo se enviaron a una planta cementera para su valorización energética, de nuevo como sustituto de los combustibles fósiles. Nada se desperdicia en el proceso.

Este aprovechamiento integral ha convertido a las depuradoras madrileñas en auténticas biofactorías urbanas, verdaderos yacimientos de recursos que operan las 24 horas del día.

De esas mismas plantas salen también biogás, electricidad, agua regenerada y estruvita, un fertilizante conocido como el «oro blanco de la agricultura», todo ello dentro de la estrategia de economía circular de la empresa pública.

Así, lo que durante décadas se consideró un simple desecho maloliente se ha transformado en un recurso valioso para el campo. Un ciclo que arranca en el inodoro y termina en la espiga.