Cambio climático Informe Copernicus

El Ártico pierde cada década un área de hielo del tamaño de España

Cerca del 60% de las infraestructuras costeras del Ártico son vulnerables a la erosión y al mar

El nivel del mar sube 4,2 milímetros al año desde 2012 y el Mediterráneo bate récords de calor

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Antonio Quilis
  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

El deshielo polar ha dejado de ser una amenaza lejana: el ritmo al que desaparece el hielo del Ártico condiciona el futuro del nivel del mar en las costas de todo el planeta, también en las españolas. Cada década se esfuma una extensión helada casi tan grande como el conjunto del territorio español.

El Ártico ha perdido alrededor de 490.000 kilómetros cuadrados de hielo marino por década entre 1979 y 2025, una superficie casi equivalente a la de España. A ello se suma que cerca del 60% de sus infraestructuras costeras son ya vulnerables a la erosión y a la subida del nivel del mar.

Así lo recoge el último informe de Copernicus sobre el estado de los océanos, publicado este miércoles por la Comisión Europea. El estudio, de periodicidad anual, lo elabora el servicio de vigilancia del medio marino del programa europeo de observación de la Tierra.

Una España helada cada década

El documento analiza datos que se remontan a 1960 sobre la evolución de los océanos y sus efectos sobre los ecosistemas, las comunidades costeras y el clima. Su conclusión es contundente: los mares están cambiando a un ritmo que califica de alarmante.

Uno de los cambios más pronunciados se registra precisamente en el hielo del Ártico. La reducción de la superficie helada deja una mayor extensión del océano expuesta al viento y al oleaje, un fenómeno con consecuencias directas sobre el litoral.

Esa exposición incrementa la vulnerabilidad de las instalaciones situadas junto a la costa frente a la erosión y frente al avance de las aguas. El retroceso del hielo, por tanto, no sólo altera el paisaje polar, sino que redibuja el mapa de riesgos costeros.

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Océano al descubierto

El Ártico es una de las regiones que más rápido se calienta del planeta, muy por encima de la media global. Ese calentamiento acelerado explica que la capa de hielo marino se reduzca de forma sostenida año tras año.

A medida que el hielo desaparece, el mar deja de reflejar la radiación solar y pasa a absorber más calor. Ese círculo vicioso, conocido por los científicos, refuerza el deshielo y amplifica el resto de impactos sobre el océano.

El resultado es un océano Ártico más abierto, más cálido y más expuesto a la fuerza del oleaje. Las costas que antes protegía una barrera de hielo quedan ahora a merced de temporales cada vez más energéticos.

Alerta desde Bruselas

El comisario europeo de Pesca y Océanos, Costas Kadis, ha resumido la magnitud de los datos recopilados. «Los resultados muestran que el cambio climático ya está transformando los ecosistemas marinos, las comunidades costeras y los medios de vida que dependen de ellos», ha advertido.

El responsable comunitario ha situado en el mismo plano varios frentes de alarma. Ha citado «las olas de calor marinas récord en el Mediterráneo y el mar Negro», junto a «la aceleración del aumento del nivel del mar y la drástica pérdida de hielo en el Ártico».

El informe se publica cada año y toma como referencia una serie histórica de más de seis décadas. Ese recorrido temporal permite distinguir las oscilaciones naturales de las tendencias de fondo asociadas al calentamiento global.

Récord en el Mediterráneo

Más allá del Ártico, el estudio constata temperaturas récord en los mares europeos. Las olas de calor marinas afectaron con especial intensidad al Mediterráneo y al mar Negro a lo largo de 2024.

En esos episodios, la temperatura del agua llegó a superar en más de 4,6 °C los valores habituales para la época. Se trata de anomalías térmicas que golpean de lleno a las especies y a las actividades ligadas al mar.

El calentamiento del agua altera la distribución de la fauna marina, favorece la llegada de especies invasoras y presiona a sectores como la pesca. El Mediterráneo, un mar semicerrado, resulta particularmente sensible a estas subidas de temperatura.

El mar sube más rápido

A las temperaturas extremas se suma el aumento sostenido del nivel de los océanos. El agua del mar ha avanzado una media de unos 4,2 milímetros al año desde 2012, según los datos recogidos por el programa europeo.

Ese ascenso responde en gran medida al incremento de las temperaturas, que provoca tanto la dilatación térmica del agua como el aporte del deshielo de los glaciares y casquetes terrestres. Cada milímetro adicional acerca la línea de costa a viviendas, puertos e instalaciones.

La combinación de mares más cálidos y niveles más altos multiplica el riesgo durante los temporales. Cuando una marejada coincide con un nivel del mar elevado, el alcance de las inundaciones costeras se amplía de forma notable.

olas de hielo

Islas en primera línea

El impacto es especialmente acusado en los pequeños Estados insulares en desarrollo. En estos territorios, el 65% de la superficie conjunta de sus zonas económicas exclusivas ha registrado una aceleración de la subida del nivel del mar desde 1999.

Los expertos vinculan ese fenómeno directamente al calentamiento de los océanos. Para muchas de estas naciones, formadas por islas de escasa altitud, la evolución del mar se ha convertido en una cuestión de supervivencia territorial.

El informe subraya que las consecuencias no se reparten por igual. Las comunidades más expuestas y con menos recursos para adaptarse son, con frecuencia, las que menos han contribuido al calentamiento global.

Un ritmo alarmante

El comisario europeo de Defensa y Espacio, Andrius Kubilius, ha incidido en la urgencia del diagnóstico. «El informe sobre el estado de los océanos vuelve a poner de manifiesto la magnitud y la urgencia de los desafíos a los que se enfrentan nuestros océanos», ha señalado.

El responsable comunitario ha enmarcado esos retos en un proceso de transformación de largo alcance. Ha recordado que «el cambio climático continúa transformando los ecosistemas marinos y la circulación oceánica», dos piezas clave del equilibrio del planeta.

La circulación oceánica actúa como un gran regulador térmico global y redistribuye el calor entre latitudes. Cualquier alteración en ese mecanismo puede tener efectos en cadena sobre el clima de regiones enteras, Europa incluida.

El caso español

El informe también deja datos con lectura española. Durante la tormenta Louis, en febrero de 2024, el análisis de Copernicus documentó olas de más de 8 metros en dos puertos del país.

El estudio detalla que ambas instalaciones respondieron de forma distinta pese a partir de condiciones similares en mar abierto. Una encajó impactos moderados pero prolongados, mientras que la otra sufrió un episodio más corto e intenso.

A partir de ese contraste, los autores reclaman una mejor vigilancia de los temporales para proteger las infraestructuras costeras. La conclusión conecta de lleno con la vulnerabilidad de un litoral, el español, muy expuesto a la actividad del mar.

tormenta puerto

Un litoral expuesto

España combina una extensa fachada mediterránea y otra atlántica, con miles de kilómetros de costa densamente poblada y urbanizada. Esa geografía convierte al país en un territorio especialmente sensible a la subida del nivel del mar.

Puertos, paseos marítimos, playas y urbanizaciones se sitúan en primera línea frente a un mar cada vez más cálido y alto. La suma de temporales más energéticos y niveles superiores tensiona unas defensas costeras diseñadas para otro escenario.

El turismo de sol y playa, uno de los motores económicos del país, depende también de la estabilidad del litoral. La erosión de los arenales y la regresión de la costa amenazan un modelo con enorme peso en el empleo y en el PIB.

Todo está conectado

Los datos globales del informe permiten dimensionar la magnitud del desafío. La pérdida de hielo del Ártico, el calentamiento del Mediterráneo y el ascenso del nivel del mar forman parte de un mismo proceso interconectado.

El deshielo terrestre en latitudes altas contribuye al aumento del nivel del mar que después se percibe en costas tan alejadas como las españolas. Lo que ocurre en el Ártico, por tanto, no se queda en el Ártico.

El servicio de vigilancia marina de Copernicus insiste en que estos cambios se producen a una velocidad que dificulta la adaptación. La ventana para reforzar la protección de las zonas costeras se estrecha con cada año que pasa.

Océanos bajo presión

El informe recuerda que los océanos absorben una parte muy elevada del calor y del dióxido de carbono generados por la actividad humana. Esa función amortigua el calentamiento atmosférico, pero a costa de transformar el propio medio marino.

El resultado es un océano más caliente, más ácido y con menos oxígeno en algunas zonas, condiciones que estresan a los ecosistemas. La biodiversidad marina afronta así presiones simultáneas que reducen su capacidad de recuperación.

Para las comunidades costeras, esa degradación se traduce en menos recursos pesqueros, más riesgo de inundación y pérdida de servicios naturales. El deterioro del mar acaba repercutiendo en la economía y en la vida diaria de millones de personas.

Ciencia para anticiparse

Los responsables europeos vinculan estos resultados con la necesidad de reforzar la observación y la ciencia marina. El seguimiento continuo de los océanos es la herramienta que permite anticipar impactos y planificar la respuesta.

El programa Copernicus se ha consolidado como una de las principales fuentes de datos sobre el estado del planeta. Sus informes anuales sirven de base para las políticas climáticas y de gestión costera dentro de la Unión Europea.

Con el diagnóstico de este año, la Comisión Europea vuelve a situar el estado de los océanos en el centro del debate climático. El mensaje es que la salud del mar y la seguridad de las costas forman parte de una misma ecuación.

El hielo del Ártico que desaparece cada década, a un ritmo casi equivalente a la superficie de España, resume la escala del reto. Frenarlo, advierte Copernicus, es también proteger las costas españolas de las próximas décadas.